I
Un personaje ataviado con una chaqueta gris, un pantalón verde militar, y unos tennis camina por un sector comercial de clase media, media-alta, de la ciudad. Lleva las manos en los bolsillos, un maletín deportivo de una sola tira, y lo acompañan unos audífonos, de los acolchonaditos de balaca que van por fuera de los oídos. Escucha el álbum In Absentia de la banda de Rock alternativo/progresivo Porcupine Tree a un volumen que le permite captar todo el bullicio de la calle, y así ambas instancias sonoras se funden mientras avanza unas pocas cuadras más hasta llegar a su destino. Entra a la pizzería Panucci’s.
II
Ramón Alberto, que tiene veintiún años recién cumplidos, tiene puesto el uniforme rojo, amarillo y blanco de Panucci’s, y está sentado en una silla, recostado contra la pared. Echa un vistazo a afuera y no ve a nadie venir. Hace un gesto de pereza y saca un libro negro pequeño de la maleta. Es una edición del texto On Liberty de John Stuart Mill, con prólogo de Isaiah Berlin. Es un libro que ya ha leído, así que lo abre en un punto intermedio al azar. Se lee: ‘’ Si toda la especie humana no tuviera más que una opinión, y solamente una persona, tuviera la opinión contraria, no sería más justo el imponer silencio a esta sola persona, que si esta sola persona tratara de imponérselo a toda la humanidad, suponiendo que esto fuera posible ‘’. Ramón Alberto piensa en esas palabras y ríe un poco para sí, como si le parecieran tan sensatas y ridículas a la vez, tan hermosas y lejanas.
Son las cuatro de la tarde. Ramón Alberto se cambia y sale de Panucci’s. Ha acabado su turno del día. Trabaja allí desde hace unos tres meses. Es el primer empleo formal de su vida adulta.
III
Un poco más tarde, Ramón Alberto se encuentra con la misma ropa, recostado en la banca de un gran parque de barrio, con el libro entre sus manos. No lo está leyendo. En vez de eso, su atención está puesta en lo que pasa con los jóvenes que juegan fútbol frente a sus ojos. Permanece así un rato, hasta que una chica llega y se sienta a su lado. Estaba tan distraído que sólo sintió de un momento a otro que una presencia se sumaba al banco. Entonces, voltea la cara para ver y la chica le da un beso en la mejilla. Es Rafaela, una niña de catorce años, de una belleza moderada pero cautivadora. Tiene el pelo castaño largo y lacio, y es bastante delgada.
- ¿Cómo estuvo tu día?
- Ooh, un poco aburrido – responde Ramón Alberto, mientras bosteza.
- ¡Auuum!
- Tú en cambio estás bastante animada.
- Sí – Sonríe -. Hoy el colegio estuvo interesante. Es decir nunca lo es en realidad, ese no sería el adjetivo que mejor describiría a ese lugar, pero en las clases de hoy se habló de cosas chéveres, a ti te hubiera gustado estar allí.
- ¿En serio? – preguntó con incredulidad.
- Sip. Mira, era clase de sociales. Esta profesora es nueva, así que tiene un estilo bastante distinto, le da a las clases un elemento… es como tú, se va por las ramas, pero de una forma en que todo tiene sentido, todo es como tú dirías ‘’ consecuente ‘’, o ‘’ no gratuito ‘’ y hoy fue genial.
- Bueno, pero ¿cuál era el tema?
- Vamos en segunda guerra mundial, ¿no? Ya pasamos por cómo se sucedió y qué tipo de eventos e ideologías la motivaron. Así que ya estamos en aquello de cómo el mundo se reorganizó ¿ves? Pero ella no nos cuenta las cosas de una forma estática, todo lo pone a jugar con situaciones de la actualidad, y, lo que es más sorprendente, con historias de pasados muy lejanos. – Rafaela se emociona mientras comenta esto-¡y sabe mucho de otras cosas, como de música, o arte, y nos muestra que también tienen que ver con lo político! Apuesto a que te parece grandioso ¿no es así?
Ramón Alberto bosteza un poco.
- Pienso que así es como todas las clases, incluso si no pertenecen al campo de las humanidades, deberían ser tratadas, aún en secundaria, aún en primaria. Hay que hacer evidentes todas esas relaciones así como todos los matices que un problema puede tener. Pero imagino que la norma sigue siendo otra, así que está bastante bien que ésta profesora tuya se porte así.
- También es bastante crítica.
- ¡Vaya! Ahora que lo pienso, no recuerdo haber sentido inclinación política alguna de parte de mis profesores del bachillerato. Ni siquiera posturas morales fuertes con respecto a los contenidos, aunque ante lo que hacían los alumnos, obviamente sí. Así que no sé si es que eran demasiado correctos, en el sentido de ser imparciales e incoloros, o totalmente desapasionados ante los temas y ante la vida.
- ¿Y es bueno un profesor que no involucre sus sentimientos en las cosas que enseña?
- ¿Tú qué crees?...
- No lo sé… creo que está bien que lo haga.
- Es que mira, es como tú y yo. Tal vez yo me equivoque, porque me pagan para que refuerce tus conocimientos, para que complemente las cosas que te enseñan o haga más comprensible algo que en la escuela te dejó dudas, y no creo que dentro de esas tareas se incluya meter ideas particulares en tu cabecita. ¿Ves?
Rafaela ríe un poco.
- Pero mira, yo no veo un problema en eso. Es decir, inevitablemente nuestras opiniones y creencias se verán condicionadas por lo que quienes nos rodean sienten y piensan. Para bien o mal.
- Sí – dice con duda Ramón Alberto.
- Tú ni siquiera puedes transmitirme una ideología. !Si estás supremamente confundido! lo único que podrías transmitirme es confusión – dice riendo.
IV
‘’ No estoy tan confundido – dice en su mente Ramón Alberto mientras camina por una de las rutas de la universidad pública de la ciudad - O sea, tengo unos principios, mis ideologías se están reelaborando constantemente, como resultado natural de la experiencia que cada día se enriquece, pero todo parte de algo ¿o no? ‘’
Ramón Alberto retira su bicicleta del lugar donde estaba asegurada, y emprende un largo recorrido por la universidad. Presta atención a las diferentes materialidades. Los viejos edificios, marcados con distintos tipos de consignas. Propagandas e información sobre las paredes. Reconoce la figura de sus compañeros, de su carrera y de otras carreras. Gente diversa: alguna muy graciosa, otra de apariencia más bien seria. Pluralidad étnica, estética, de edades. En teoría, unida políticamente. ‘’ Quién sabe – piensa -. Izquierda, socialista, democrática ¿Marxista? ¡¿Comunista?! ¡Claro que no!‘’.
En otro lugar, un televisor muestra imágenes del conflicto Palestino-Israelí.
V
En el interior de un almacén de un centro comercial, Ramón Alberto inspecciona un aparador, mientras una de las varias chicas que atiende en el lugar le pone conversa. Rafaela se encuentra en otro lugar del almacén de espaldas a ellos.
- ¿Entonces, comunicación social en la universidad pública?
- Sí. Eso es.
La mujer, que debe tener unos veintidós años, inserta una serie de comentarios de forma muy rápida, a los que Ramón Alberto no puede dar mayor trascendencia, entre ellos cosas que prácticamente no entiende, y responde con indiferentes ‘ aja ‘ ‘sí’ ‘¿sí?’ y ‘ qué bueno ‘.
- … Sí, oye, y por qué es que ustedes allá en la universidad pelean tanto ¿usted es parte de eso?
- No, yo no soy parte.
Ramón Alberto vio a la chica y supo que sería difícil explicarle a un ser tan común una problemática tan delicada que constantemente lo ponía entre la espada y la pared, acerca de la cual se podía decir tanto, y aún ante un buen entendedor sería necesario extenderse en palabras y palabras. Cómo hacerle entender a ésta mujer – escribió después - lo que las ideologías políticas tenían que ver en el asunto; eso, en el caso de que al menos ella tuviera alguna noción de lo que cada uno de éstos molestos …ismos significa. Cómo, en una sociedad, que para simplificar, para confundirse menos, polariza y radicaliza todo el tiempo, dar a entender que por principios, por mero razonamiento, sentido común para ser más precisos, no podía apoyarlos, y que precisamente por esas mismas cosas tampoco podía desdeñar del todo su empresa, y separarse completamente de lo que representan.
VI
Ramón Alberto y Rafaela se bajan de una buseta de servicio público, en un paradero que queda ligeramente distanciado de la universidad. Para llegar deben atravesar un centro comercial importante (que no es el mismo de la escena anterior).
- Entonces, por fin conoceré la universidad pública – dice Rafaela, Ya era hora.
- No es gran cosa. Yo nunca vine hasta el día en que quedé admitido.
- ¡eh! Pero qué actitud. Esta universidad es muy respetada.
- No por todos. ¿Tu papá no hizo ningún comentario raro acerca del hecho de que trajera acá hoy?
- Lo normal. Que tuviera cuidado, pero eso es algo que aplica también para el resto de situaciones de mi vida. Además él confía mucho en ti, y cree que es importante que venga a conocer, ya sabes, por si en el futuro decido estudiar aquí; cuando él estaba acá nunca me trajo.
- A lo mejor sí. Pero estabas muy chica para recordarlo.
VII
Son las doce y media del día y en las instalaciones de la universidad pública de la ciudad se realizan algunos actos culturales de corte carnavalesco. Sentados en el pasto, a unos pocos metros de la plazoleta de las astas, un conocido punto de encuentro para los estudiantes, descansan dos jóvenes de aproximadamente veinte años. Del altavoz de un aparato celular, escuchan una especie de Trip Hop. Ramón Alberto, que va con Rafaela, se acerca y los saluda con bastante cordialidad. En ese momento uno de ellos se va, y el otro, Javier, que es más amigo, se para.
- Oye, te presento a Rafaela.
- Mucho gusto – dice Javier, mientras estrecha la mano de la niña y le hace una mirada un poco perversa que la incomoda ligeramente.
- No te mentiré, Rafaela, es muy posible que hoy haya ‘’ revolución ‘’.
- ¿En serio? ¿No importa que hayan actos culturales planeados?
- Malditos comunistas y sus jodas – dice Javier.
- Sí, seguro – dice Ramón Alberto.
Rafaela reconoce algunos distintivos particulares en la chaqueta y la maleta de Javier.
- ¿Es fascista o algo así? – le pregunta al oído a Ramón Alberto.
- Sí – le responde en voz baja -. Mi papa dice – ya en voz alta – que siempre los blancos pobres tienden a ser nazis. – Javier le hace la señal de ‘’ Fuck you ‘’ y se ríe -. Tienen que echarle la culpa a las otras razas de su infortunio cuando por tradición han sido la raza privilegiada.
- ¡Tú eres más pobre que yo! Y hasta más blanco.
- Seguro. Pero ninguna de esas dos cosas me genera arraigo. Además, comparados con Rafaela ambos somos miserables.
Rafaela se siente un poco incómoda. Mientras han estado hablando, pequeños estallidos se han dejado escuchar. Ramón Alberto propone que caminen un poco, y así empiezan a hacerlo. Los tres van por la parte en que la plazoleta de astas se une con la cafetería Principal, y en ese momento pasan varias personas corriendo a su lado. Uno de ellos incluso los tropieza. Una gran algarabía viene del centro de la universidad. Continúan su camino hacia allá.
Más allá del lago, se encuentra la zona conocida como administración central. Javier los deja un momento para comprar un cigarrillo.
- ¿Tienes un amigo Neonazi? – pregunta Rafaela, con una intención de reclamo que es fácil de adivinar para Ramón Alberto que ríe inocentemente -. Me has hablado tanto de basura fascista que…
- Digamos que me aburrí de tanta ‘’ gente buena ‘’. Tengo problemas que van más allá de cómo va a ser gobernado el país. A veces sólo quiero hablar con alguien, que alguien se ría de las estupideces que digo. Sabes como soy, no dejo que la política me una y ni me separe de nadie. Mira, el fascismo más que un sistema político, si se hace un ejercicio de darle forma a su significado excediendo incluso lo que representó como movimiento, es un espíritu. De intolerancia, de estrechez, de uso incorrecto de la fuerza. Y eso es algo que hoy en día reside en todos, o en casi todos, sin importar si son de izquierda, de derecha, de centro o de la mierda. Está en los que golpean Emos, en los abusones de colegio, o en los que destierran a la gente de lugares reclamándolos como suyos, de cualquier manera. Y a todo eso, sumémosle la enorme hipocresía. Y nos queda el retrato de una ‘’ bonita sociedad ‘’.
En ese momento vuelve Javier fumando el cigarro. Están ya muy cerca de administración central, y hay un enorme multitud de gente reunida y se escucha cosas que se golpean.
- Ya me comentaron – dice Javier -, es que agarraron a un policía dentro de la universidad haciendo dizque trabajo de espionaje. Vamos, güevon, a ver qué pasa.
Se acercan pero no pueden ver al policía. Se supone que este ha sido guardado en una de las oficinas del edificio para evitar que la multitud haga algo con él. Todos gritan ‘’ ¡Quémenlo! ¡Quémenlo! ‘’.
- Ves, ahí está la gente buena – le dice Ramón Alberto a Rafaela -. A esto me refiero. Es una actitud clásica de la gente, que siempre está dispuesta a descargar su ira. La indignación convertida en odio, en sadismo. Como cuando toda una comunidad quiere masacrar al que violó a la niña. O el que muele a patadas al negrito que le robó el reloj en el centro. Sólo necesitan una excusa para sacar al criminal.
De afuera de la universidad vienen explosiones y gritos. Parece que la policía acaba de llegar.
- Esto no estará bonito. Busquemos cómo salir.
- Eh, dejá tu miedo.
- Tengo que protegerla a ella.
Rafaela está o muy asustado o muy sorprendida pero no puede decir nada. Se concentra un momento en el horizonte y por fin se decide a preguntar
- ¿Por qué hay una buseta de servicio público cerca al lago?
- Es que ahora los capuchos contratan carros para evacuar a la gente – responde Javier que se carcajea a más no poder.
- La van a quemar, Rafa, porque ahora resulta que las busetas de transporte público son el símbolo de un gobierno opresivo y oligárquico.
- No habrá nadie adentro ¿verdad?
- Di que sos uribista y te meten – dice Javier.
VIII
El enfrentamiento se ha traslado al interior de la universidad. La terquedad en no dejar partir al policía espía ha creado una situación antes no vista, con estudiantes atrincherados en los edificios, y hombres armados moviéndose a través de los diferentes espacios de la universidad, golpeando a algunos estudiantes que intentaban detener la incursión con cánticos que enaltecían la institución pública. Ramón Alberto que sufre de una fuerte alergia en nariz y ojos fue alcanzado por los gases lacrimógenos, por lo cual tuvieron que detener el camino de evacuación y hacer una parada en un punto para que éste pudiera recuperarse.
- En éste punto no creo que haya peligro – dice Javier. Parcero, voy a ver si alguno de esos manes me regala agua.
Javier deja a Rafaela y Ramón Alberto solos un momento.
- Sí, veo que es un buen amigo.
- Sí. Es un bacán, aunque como todos tenga sus cuentos raros.
Ven como un joven de camiseta roja le entrega una botella de agua, que está más o menos por la mitad, a Javier y en seguida se va corriendo a la zona de combate.
- Dice que se iba a buscar a la hermana, que es una de las que quedó atrapada allá en ciencias.
- Oh, Dios – dice Rafaela.
Están a unos pocos metros de la salida oriente de la universidad, y hay mucha aglomerada allí, mucha de la cual estaba en los eventos culturales. Tratan de hacer resistencia a su modo. Algunos cantan y otros cargan consignas.
- Mira que, al menos, algunos no necesitan disfrazarse.
Ya empieza a oscurecer, son más o menos las seis de la tarde.
- Ahora está oscuro, y es más fácil matar impunemente – dice Javier.
En ese momento se escucha un disparo.
Mucha de la gente allí presente sale corriendo hasta el lugar. Rafaela se recuesta en el hombro de Ramón Alberto. Mientras eso, Javier mira hacia el lugar, de donde vienen gritos y exclamaciones, y cuenta algo del movimiento nacionalista anticomunista: que se trata de un tercer camino, que comprende las diversidades del país, y que pretende catalizar sus potencialidades salvándolo tanto del neoliberalismo esclavizante como del ‘’ terrorismo guevarista ‘’… que pugna por una revolución obrera, pero no cree en el ‘’ demonio sindical ‘’, que respeta la concepción clásica del fascismo, pero que se trata de algo distinto… que el fuhrer reconoció que el enemigo era el monstruo capitalista, el judío, etcétera, etcétera…
- El hombre que no conoce más que su propia opinión, no conoce gran cosa – dice en voz baja Ramón Alberto a Camila. - Eso lo dice, John Stuart Mill.
- Bastante sabio.
- Sí. Él creía firmemente en la necesidad de del debate constante de las opiniones adversas como camino para llegar a la verdad. También decía que no bastaba con conocer una idea a través del resumen que un crítico o analista hiciera de ella, sino que había que escucharla de voz de quién creyera fervientemente en ella.
- Bueno, pero tú crees en éstas cosas, entonces sí crees en algo.
- Pero no como ésta gente, que lo hace parte de su identidad. Toma discursos viejos, que pueden entender o no. Mills decía que lo importante era que ese tipo de ideologías, se refería concretamente a lo religioso, no se volvieran simplemente dogmas estáticos; si se convertían en constumbres y ya no en verdades vivas, en constante reflexión sobre lo que significan, ese era el problema. Rafaela. Yo elegí no credo, y elegí no bandera. Y esa es la única manera, sólo así puedo ser consecuente con lo que pasa. Y es difícil. El ser humano tiende a tomar partido en todo. Convierte en asesinos, o en soportadores del asesinato, hasta a la gente más noble. Conozco a una chica, ascendencia árabe directa, me la presentaron hace tiempo, y principalmente por Messenger he hablado con ella de muchas cosas. Es una persona calmada, admirablemente positiva. Lo que uno llamaría una ‘’ bella persona ‘’, además inteligente, ciertamente instruida para su edad. Tiene como dieciocho años. Todo éste asunto de Israel y Palestina la tiene muy mal. Le afecta. Sufre por lo que considera es su pueblo. Y me confesó que esto la saca tanto de casillas, que ha llegado a pensar en soluciones genocidas. Como ‘’ es tu pueblo, o el mío ‘’. Ese es el amor fraternal del ser humano, tiene fronteras, es diferente porque hay diferentes dioses, porque unos eligieron esconder a las mujeres bajo trapos y otros las ponen en pasacalles mostrando sus largas piernas.
- De alguna manera si estás guiando mi visión del mundo. Para bien.
- Te falta tiempo. Aprenderás mucho. Los libros sirven bastante, pero hay cosas que se entienden viviendo. Y eso es a veces un mejor método. La experiencia, para alguien que tiene su mente abierta y es libre de espíritu, es el maestro más imparcial que existe. Por ejemplo, lo que pasa contigo es tan especial, tan increíble, que se puede mandar absolutamente todo al carajo. No hay religión, ni sistema político que me pueda vender un cielo y yo aceptarlo. No creo en sacrificios, ni en el pueblo unido jamás será vendido, ni en imaginación al poder. No me necesitan, no los necesito. No me fusilará un estado opresor por la causa de nadie. No soy peón del tablero de ajedrez de ningún intelectual, líder paramilitar, predicador o dictador. No llevo un –ista encima que no sea narcis-ista o pesim-ista. Hoy ha muerto alguien. Muchos usarán esa muerte como estandarte. ¿Has visto cómo toda causa política o social requiere sacrificio, hasta la más noble de ellas, que hoy día no podría decir cuál es? El mundo hoy está tan superpoblado, y por ese requieren que pensemos en conjunto. Bien común. Bien del país. Y mueren seres, complejos y maravillosos a diario, y sólo pasan a engrosas fríos registros estadísticos. Un combatiente es un suicida con un propósito. Es admirable y detestable a la vez. Es la persona que le regala su vida a la confrontación, para que en el futuro alguien se inspire en él y haga lo mismo. Aunque en el amor también haya hipocresía, y no sea más que una convención para llamar a la coincidencia de la lujuria con la necesidad de compañía, prefiero morir por eso.
Terminan mirándose fijamente y sonriendo.
*** FIN
Nota: En la propuesta audiovisual, ésta última escena vendría acompañada de imágenes documentales alusivas al tipo de problemas planteados.
1 comentario:
Intenso!
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