jueves, 25 de diciembre de 2008
Alusiones al poder y al amor
Diana enciende su cámara y le dice:
- Luis. Mira lo que traje. Un saludo para la cámara.
- Oye. No. No ahora. Mira como está la universidad. Espérate un momento.
- No. No te preocupes. Sólo quiero un saludo para la cámara.
Diana hace un paneo con su cámara y ve por el visor a las personas que allí se encuentran. Vuelve a Luis.
- ¿Qué estás haciendo? –le pregunta Diana.
- Leyendo algo para la clase de mañana. Oye, te estaba buscando para preguntarte: ¿Has sabido algo del chico que está en la cárcel?
- Sí. Que sigue en la cárcel. Hace poco lo vi. Fui a acompañar a una amiga que iba a ver al novio y Andrés estaba ahí. Se llama Andrés ¿cierto?
- Sí. Creo. ¿Le hablaste?
- Le dije a un guardia que lo llamara y él se acercó a la reja. Lo vi un poco mal. Está muy acabado. Además esa cárcel es completamente insalubre. Es un chiquero –dice Diana mirando a la cámara y sonriendo. Vuelve la cámara a Luis-. Eso no es un trato ni mínimamente humano. Y no te imaginas lo que pasó. Cuando ya me estaba yendo, esa vaina en ese patio se puso fea. Yo sólo vi que la gente que estaba atrás de mí empezó a correr. Afortunadamente yo ya estaba afuera.
- ¿Qué habría pasado?
- No sé. Supongo que una redada, o una huelga… ni idea. El mundo en la cárcel es algo que aún desconozco.
Diana se ríe y le pregunta:
- ¿Por qué me preguntaste lo de Andrés?
- No sé. Creo que me lo trajo a la memoria algo que estoy leyendo en este momento. Es que mira; me parece algo confuso ya que tengo que hacer una extrapolación y como en este país las políticas de Estado son tan difusas, puedo estar equivocado. Igualmente voy a leerte.
Luis toma el libro, pone el porro al lado de donde está sentado y le muestra:
- Este man que estoy leyendo propone dos figuras planteadas por el Derecho: la primera es el derecho penal del enemigo, que es una figura existente en los ordenamientos democráticos actuales, y designa aquellos supuestos de especial peligrosidad para des-personalizarlos. Creo que es la forma en que el Estado puede proceder frente a algunos como mejor le parece. Puede matarlo porque no está atentando contra un ser humano, sino contra el enemigo. Y la segunda figura es el hostis indicatio. Mira aquí dice que: “En situaciones excepcionales, en las cuales un ciudadano romano amenazaba la seguridad de la República por medio de conspiraciones o traición, el senado podía declararlo hostis, enemigo público”. Lo más loco es que ambas figuras se fundamentan en una presunción. Y bajo esa presunción pueden hacer, legalmente, lo que quieran con las vidas que ellos elijan. Este autor al final dice que no es que el derecho contamine la política, sino que la política liquida la normatividad. Te imaginas cuántas faltas están cometiéndose hoy manteniendo a Andrés en prisión; pero bajo una situación de excepción, puede hacerse esto y mucho más.
- Tienes razón. Esto va a ser un documental y tú eres el intelectual entrevistado. Ja. Mentira. Yo vi a la madre de él hace poco. Esa pobre mujer está también bastante mal. ¿Tú crees que él salga? Vamos. Dinos a mí y a la cámara: ¿Crees que Andrés Palomino puede salir de la cárcel?
- No. La verdad: no. Si ya no salió cuando la universidad presionó, cuando paramos, cuando marchamos, cuando pintamos -Luis deja salir una risa irónica-, ahora mucho menos. Este país olvida fácil, y nuestro gobierno junto con los medios, ha sabido aprovechar muy bien eso. Yo creo sinceramente que este chico va a seguir siendo uno más de los presos políticos olvidados del mundo.
Tras ellos se oyen gritos y explosiones.
Diana se levanta de donde está y le dice a Luis:
- Vamos. Vamos a ver qué está pasando. Parecemos idiotas acá hablando de esto, como si nos afectara, y a menos de 100 metros hay una protesta. ¿Por qué no vamos y protestamos?
- No sé. Yo no sirvo para esas luchas tan impersonales. La vida está en otra parte decía Kundera justamente hablando de lo mismo. Creo que cuando él menciona esa frase se está refiriendo a unos jóvenes revolucionarios en una protesta en la Sorbona. Mira, si yo creyera un poquito en la posible productividad de las marchas, estaría allí. La verdad dudo incluso de lo trascendental que pueda ser esta conversación pero, sinceramente, creo más en esto que en lo otro.
- Dale. No voy a discutirlo en este momento. Acompáñame un ratico y filmamos algo.
Ambos empiezan a caminar con la cámara encendida. Se acercan un poco a la protesta. Filman a los policías tirando gases y a los estudiantes tirando papas.
- Es raro, pero yo no sé a estas alturas, quién es más iluso aquí… o quién es más pesimista. Si ellos, que le tiran piedras a la policía para protestar contra el Estado, o vos y yo, que estábamos allá sentadotes sin hacer nada por la causa. Las dos posturas me parecen completamente perjudiciales si queremos en realidad sacar a flote nuestras potencialidades.
- Pues yo no creo que mis potencialidades sean salir a arengar a la Pasoancho.
- Podrías intentarlo. “Abajo el Hostis Indi ¿qué?”
- Indicatio. Y he ahí el problema. La teoría es más compleja que la realidad, pero estamos en el mundo de las ideas. Ven. Acompáñame te muestro algo. Aquí, justo aquí, estaba Johnny Silva cuando lo mataron. Apaga la cámara por fa.
Diana no la apaga. Solo cierra el visor.
- Todo esto que vivimos no es más que un tejido simbólico. Ese término del que te ríes encierra lo que está sucediendo hoy con la vida. Una palabra que hace que el Estado pueda jugar con la libertad y la vida de los ciudadanos bajo el rótulo de seguridad. Son sólo palabras inocuas. Pero hasta dónde no son éstas las que le dan la potestad a la cultura de jugar con lo que creemos. Mientras no se aprenda que denominar las cosas, desde lo más tangible hasta lo más abstracto, es sólo una forma de referenciar la realidad, no vamos a dejar de darle el poder a los términos y a quienes los manejan de jugar con nosotros. Bien decía Eduardo Galeano: "Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos”
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- ¿Por qué estamos hablando de esto?
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- Porque… -luis se queda pensando-. No sé. Yo sinceramente creo que el poder no es más que un símbolo al cual se le ha dado demasiada importancia, tanta, que hoy el poder se consigue en detrimento de la vida misma. Pero no deja de ser un mero arquetipo. La otra vez pillaba una película en la que una nena decía que el lenguaje había sido creado como un instrumento para la referencialidad. Cosa que no dudo. Que había sido creado para denominar al agua, al tigre, pero que se fue complejizando. Ella decía que el problema surge cuando el lenguaje intenta denominar figuras abstractas, como el amor. Porque al no existir un referente tangible y por lo tanto objetivo de la palabra amor, nadie puede estar seguro de que cuando se habla de amor, el interlocutor realmente sabe de qué se está hablando. Y al final dice: tiene que existir una especie de conexión sagrada para transmitir, no sólo la palabra, sino todo lo que ésta contiene; y en últimas eso es la vida, la búsqueda de esa conexión. Qué sucedería si nosotros desvirtuáramos cada uno de esos términos de los cuales está minada nuestra vida, y discerniéramos a qué le vamos a dar importancia y a qué no. Estamos en condiciones de hacerlo. Tendríamos que abstraernos un poco de lo que tenemos tan esquematizado ya en la vida. Yo no busco el poder más que el amor. Para mí es más bello el segundo. Y en el segundo encuentro a veces al primero sin tener que matar a nadie. Ahora podríamos, vos y yo, jugar a conquistar el amor del otro y no a conquistar el poder en una lucha de lemas y piedras.
Diana hace un prolongado silencio. Luis la toma de la mano. A lo lejos se siguen escuchando los gritos, los gases, las papas.
- ¿Qué pensarías si yo me fuera a la protesta en este momento?
- Creo que me abstendría de hacerlo. Preferiría preguntarte la razón. ¿Por qué? ¿Tenés ganas de ir?
- No. Tengo ganas de saber lo que pensarías.
- Vos sabés que no suelo hacer juicios de valor acerca de lo que hacen las personas que quiero. Además ya te expuse lo que pensaba sobre la protesta. Si tenés una razón válida para ir, yo te la aceptaría fácilmente.
- ¿Y si mi razón es sencillamente que creo en el poder de las masas? Que prefiero estar gritando a pretender incluirme en un universo intelectual; de las ideas, como tú lo llamas. A mí qué me importa lo que dice Foucault en Francia en los 60’s, si vivo en Colombia en el siglo XXI. Vos creés que desde aquí, desde tus libros tienes alguna perspectiva. Cuando no tienes ninguna. Estás sumido en una abstracción que no permite que hagás nada por nadie, ni por vos mismo.
Luis está muy silencioso mientras Diana se altera. Espera a que ella se calle. La mira. Se detiene ante sus ojos y le dice:
- ¿Te has puesto a pensar en lo fea que es la palabra perspectiva?
- Vos te estás burlando de mí ¿cierto?
- No, no. Acaba de venirme a la memoria una conversación que tuve alguna vez con un músico. Él decía que jamás podría incluirse la palabra perspectiva en una canción. Es la palabra menos lírica, menos sonora, menos cómoda del mundo. Me pregunto que relación tiene su incomodidad con su significado. Volvemos a los referentes. Por ejemplo. Alma. De hecho, soul. Son palabras hermosas. Supuestamente significan lo mismo. Ésa ya sería una cuestión cultural ¿no?
- Qué pena interrumpirte. ¿Puedo volver a grabar –dice Diana encendiendo la cámara.
- Dale. Bueno, creo que hay palabras que sí que son cómodas. A quién le convendría que fueran así. Y a quién le convendría la molestia de la palabra perspectiva. Ahora bien. Quieres hablar de mi falta de perspectiva. La verdad no sabría qué decirte al respecto. Para mí son los libros quienes abren un poco mi visión del mundo. Porque, como te lo he repetido mil veces hoy, para mí la vida no está allá afuera. Está aquí –dice Luis mientras toca su sien con el dedo índice-. No tengo nada en contra de quienes protestan. Solamente dudo de la trascendencia de lo que hacen. Porque no están siendo claros. Claros en cuanto a palabras, denominaciones, referentes. No existen. Un lema, después de haber sido repetido diez veces pierde todo su significado. Y si además, otros, los medios, que son quienes controlan el imaginario colectivo, le han atribuido a este tipo de manifestaciones otra significación, estamos comunicando mucho menos. Estaríamos lejos de conseguir el cometido. Entonces podré estar sumido en una abstracción, pero esa abstracción no me quita la fuerza que pierden ellos, mientras juegan el juego idiota que el Estado se inventó. Mientras ellos gritan y se regocijan de su valor, hasta de su altruismo, otros, lo más, los tachan de enemigos, y se atribuyen el poder de hacer lo que quieran con ellos.
Luis se acerca a Diana, toma su cabello, y le dice: - Si a vos, esa no te parece una razón suficientemente fuerte para permanecer a mi lado, te entiendo, podés irte. Te prometo que no voy a juzgar tu decisión. Pero por lo menos quedate unos minutos conmigo que no quiero perderte tan pronto.
Diana apaga la cámara.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Historias Alberto Isaza Gil
Alberto Isaza Gil
Historia de acuerdo al modelo de Henry Ford y el MRI
La situación del país es tensa. El presidente de la república es un político autoritario, que teme a una posible desestabilización por parte de estos grupos insurgentes. Está paranoico, pero se trata de una paranoia bien infundada. Los grupos estudiantiles están preparando una arremetida fuerte en su contra, y por ello el gobierno está prevenido, preparado para el contraataque.
Sonia es una joven de 24 años, 5 de ellos dedicados a la policía. Es inteligente y de alta confianza. Un buen día es llamada por sus superiores para encomendarle una misión especial. Ha sido escogida entre muchos otros oficiales para que se infiltre en la universidad como una estudiante corriente con el propósito de de realizar labores de inteligencia. Su misión: confundirse al interior de los grupos beligerantes y ganarse su confianza con la finalidad de desenmascarar a sus líderes y develar sus propósitos oscuros en contra del gobierno.
Pero no es sólo su belleza e inteligencia. La razón por la que escogen a Sonia tiene una motivación más. Ella sostiene un fuerte desprecio por los movimientos de izquierda puesto que cuando ella era niña su padre, también policía, murió mientras buscaba proteger al Palacio de Justicia Nacional, luego de una toma violenta realizada por una célula guerrillera urbana. Sonia siente profundo odio por cualquier movimiento de izquierda que pretenda perturbar el orden establecido. Aquella sombra del pasado alimenta mucho de las motivaciones que impulsan su decisión de haber aceptado esta misión.
Sonia se inscribe en la universidad y comienza a estudiar sociología en ella. Poco a poco ha comenzado a poner en escena su fachada de muchacha inconforme, beligerante y con características marcadas de liderazgo, con el propósito de llamar la atención de los cabecillas de aquellos grupos estudiantiles. No tarda mucho en conseguirlo. Después de algunos acercamientos discretos y paulatinos, termina por ganarse la confianza de varios líderes del grupo de manera que es invitada a sus reuniones clandestinas.
Al interior del grupo Sonia conoce a Jhon Jairo, Julián y Silvia, sus tres máximos dirigentes, quienes descubren en ella un potencial latente. Desde el principio Silvia siente desconfianza hacia ella, en parte por envidia y en parte por intuición y por los mismos celos que le provocan pensar que ella va a usurpar su papel de la mujer consentida del grupo (así son las mujeres). Pero esto no es impedimento par que Julián y Jhon Jairo vean en ella una nena dinámica, confiable, inteligente y, por supuesto, bonita. Es así como Sonia comienza a hacer parte activa de las reuniones y de las planeaciones subversivas y políticas del grupo.
Sonia comienza así a informar con detalle cada uno de los pasos del grupo a sus superiores. Está convencida de la estupidez de las acciones y los ideales de aquellos jóvenes resentidos y sin aspiraciones.
Recientemente Sonia ha informado a sus superiores acerca de un pequeño disturbio que se estaba planeando sobre la avenida contigua a la universidad. Aquel día cuando los estudiantes salieron armados de explosivos dispuestos a tapar la vía, descubren con sorpresa que la policía los estaba esperando para repelerlos. La desconfianza de Silvia aumenta y les sugiere a Jhon Jairo y Julián que Sonia es un informante. Pero ellos no le creen. Silvia les propone que la pongan a prueba a través de un trabajo grande y riesgoso.
Así fue. Se trata de invadir en la noche la oficina del rector, al que juzgaban de aliado de la policía, para robarle algunos de los documentos sobre las finanzas de la universidad y de antemano dejarle algunos recuerditos que le hicieran caer en cuenta que el grupo iba en serio. Los elegidos fueron Sonia y Jhon Jairo. El día en que todo estuvo planeado entraron al edificio administrativo en donde estaba la oficina del rector. Forzaron la puerta de la terraza y se quedaron allí hasta que desapareció el sol. Aquella noche los dos ladronzuelos robaron los documentos que creyeron necesarios de la oficina del director, rasgaron otro poco y llenaron de graffitis las paredes. Volvieron a la terraza a esperar el amanecer. Aquella noche Sonia y Jhon Jairo se acostaron sobre la loza a mirar las estrellas y a compartir sueños. Sonia conoció mucho del pasado de Jhon jairo. Por ejemplo, que vivía con una tía pues sus padres fueron asesinados por un grupo paramilitar que en complicidad con las fuerza militares buscaban desplazar a un grupo de familias de unas tierras con el fin ampliar los latifundios de una bananera multinacional. En medio del vértigo y la cotidianidad que se había vuelto su relación con este grupo, Sonia no se había hecho consciente de que desde hacía algunos días había comenzado a sentir que estaba naciendo un lazo, una filiación extraña entre los dos. De repente un beso, que en principio pudo haber fungido como una herramienta de buen estratega, resultó siendo algo más. Al otro día, en cuanto abrieron el edificio, salieron con el botín por la puerta principal confundidos entre la gente que llegaba a laborar en las oficinas.
Pronto pasó algo extraordinario: la policía detiene en sus residencias a Silvia y Julián. Jhon Jairo llama escandalizado a Sonia para comentarle. Y ella también se sorprende. Nadie de los servicios secretos le había informado sobre esta medida. Sintió que estaban poniendo en riesgo la labor de inteligencia.
Después de diez días de fuerte interrogatorio y de presiones en los calabozos, por fin Silvia y Julián fueron puestos en libertad. Al reunirse de nuevo, Silvia arremete fuertemente en contra de Sonia acusándola de traidora. De otra manera, argumentaba, ¿cómo era posible que a ella no la hubiesen detenido también? Ahora bien, ¿por qué tampoco a Jhon Jairo? La respuesta la tenía Sonia. Quizá inconscientemente había buscado protegerlo cada vez que rendía informes ante sus superiores de la policía secreta. Sus sentimientos comenzaron a comprometerse. Sin darse cuenta se había enamorado del ‘malo’.
Sonia sostiene un fuerte altercado con el director de la policía secreta sobre las decisiones que toma sin consultarle y amenaza con abandonar el proyecto. Su jefe aprovechó para pedirle datos acerca de Jhon Jairo, pues si bien al principio lo había referenciado con insistencia, desde algún tiempo no lo había vuelto a nombrar. En esta ocasión Sonia miente deliberadamente. Les asegura que el papel de éste dentro de la organización no había resultado tan importante como lo había sospechado inicialmente. Pero la policía secreta no se comería este cuento. Ya se habían hecho a los servicios de un nuevo informante: Silvia. Sonia fue relevada de la misión. Para Jhon Jairo y sus compañeros de lucha, simplemente un día Sonia sin motivo aparente, no volvió a aparecer por la universidad.
El desenlace de esta historia estaría cercano. Vendría de la mano de una revuelta que el grupo había planeado a propósito de la conmemoración del aniversario del nacimiento del grupo insurgente. Silvia planeó con la policía secreta la entrega de todos los líderes del grupo, con el fin de beneficiarse de un jugoso sistema de recompensas que se había implantado para motivar la cooperación.
En plena revuelta y a través de una serie de órdenes confusas, Silvia propició en los manifestantes una dispersión y una confusión tal que la avanzada que luchaba contra la guardia policial especial para estos disturbios, terminó rodeada y desprotegida. Para los policías fue fácil echar mano, uno a uno de los manifestantes. Jhon Jairo pudo ver en medio de la confusión un policía de los presentes lo tomó por el brazo, le apuntó con un arma a la cabeza y lo esposó, para subirlo a una camioneta. Ya en ella discutió con otro quien le ordenó devolverse a repeler la situación. La camioneta arrancó con él hacia las afueras de la ciudad. Jhon Jairo temió lo peor: una desaparición o una tortura. En un momento la camioneta paró, el policía descendió del auto y fue entonces cuando Jhon jairo se dio cuenta que dicho policía era Sonia. Lo abrazó, lo besó, le pidió perdón y huyeron juntos a iniciar una nueva vida juntos. Ninguno de los dos extremos resultó siendo lo suficientemente bueno como para entregar la vida por él.
PD: Julián y Silvia terminaron juntos sapeando a sus compañeros.
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Historia pensada de acuerdo al modelo de Einsestein
Universidad del Valle. Cali. Colombia. Año 2008.
Estamos en frente de un contexto de gran efervescencia. La estabilidad del Estado está constantemente amenaza frente a un grupo rebelde que se esconde en las selvas, pero que ha extendido sus tentáculos a las ciudades y que ha encontrado en los jóvenes de las universidades oficiales un nicho muy importante para la difusión de sus ideales e ideologías. Se trata de un grupo de muchachos que se sienten inconformes ante un régimen de fachada democrática, pero en realidad, abiertamente despótico, clasista y corrupto.
Si bien en esencia se trata de pequeñas células rebeldes, éstas buscan la sensibilización de toda la comunidad universitaria en favor de la defensa de unos principios apenas básicos de cualquier democracia decente: el acceso a ciertos bienes y servicios elementales, a un verdadero Estado de Derecho y a un dispositivo necesario para el sostenimiento de un sistema político transparente, que además está consagrado constitucionalmente: el derecho a la oposición política y a la huelga. En otras palabras, el derecho a disentir democráticamente en contra del gobierno sin por ello ser reprimido, y mucho menos a través de la violencia.
Desde hace algunos años el gobierno es consciente de la existencia de estas células guerrilleras al interior de la universidad que, aunque reducidas, son potencialmente peligrosas, de manera que contradiciendo el principio casi sacro de no invadir este recinto como espacio sagrado para el libre debate democrático, el gobierno ha infiltrado sistemáticamente en medio de los estudiantes a mercenarios de la policía secreta y con frecuencia manda a rodear
Para este grupo rebelde, sin embargo, adelantar una campaña de consientización de sus compañeros no ha sido nada fácil. La mayoría de ellos, de clase media, estudian con el propósito de hacerse profesionales para convertirse en un engranaje más de alguna gran empresa (ojalá multinacional), comprarse una casita en un barrio decente, casarse, tener dos hijos (hombre y mujer) y hacerse a un pasaporte que le permita, quizás cuando se jubilen, conocer Miami o al menos el vecino Ecuador. Para ellos tener como comer, al menos modestamente, estudiar y desplazarse es suficiente. Sus conciencias están cómodas con la satisfacción de unas necesidades básicas, adormiladas.
Ellos han oído hablar de la existencia de estos grupillos clandestinos, pero juzgan a sus integrantes de jóvenes disolutos, mediocres, o como dirían sus madres, sin oficio. No ven en ellos más que un montón de boberías y de ilusos apegados a ideales rancios y obsoletos. Para la mayoría, el secreto de la vida está en la lucha individual y darvinista del más fuerte, disciplinado y capacitado. Se burlan de ellos y los deprecian porque mientras muchos se preocupan por estudiar para las evaluaciones semestrales, para hacerse profesionales, como debe ser, los otros malgastan el tiempo en conciliábulos secretos discutiendo la manera de cambiar lo que está bien, la manera de cambiar lo incambiable.
Lo que no ninguno de ellos intuye es que para
La angustia por los desaparecidos y la desazón por la posible repetición de este evento suscitan un espacio de debate y reflexión entre todos los estudiantes. La universidad ha dejado de un sitio seguro para este grupo, de manera que desde hace algunos días han optado por reunirse en la casa de uno de ellos, la cual está ubicada en un barrio periférico de la ciudad que la mayoría d los estudiantes de clase media no conoce. Es de esta manera como comienzan a hacerse conscientes de una realidad que existe más allá de los límites de la universidad y de su barrio estrato 3: niños con hambre y sin futuro, mujeres y ancianos desplazados de sus fincas por multinacionales de aceite de palma que necesitaban apropiarse de sus predios, hombres que lo único que necesitan es una oportunidad para ganarse la vida decentemente y sin hacerle daño a nadie.
Poco a poco los estudiantes han comenzado a reflexionar sobre las injusticias que impregnan su ciudad, su patria. Comienzan a sentir que la sociedad los necesita y que a su vez, requieren de despertar del letargo a muchos adormilados más, que continuaban considerando que el estado de las cosas era el adecuado. Paulatinamente se han sensibilizado a partir de los abusos de las fuerzas estatales al interior del campus, todo con el propósito de mantenerlos callados, controlados, doblegados, sumisos. La coyuntura resulta especialmente propicia. Pronto logran conformar un grupo numeroso y compacto de estudiantes comprometidos, preparados ante una eventual situación que se presentía llegar.
Ellos sabían que con el estado de las cosas, una nueva arremetida de la policía a
Pasará poco para que una marejada ingente de estudiantes, que parecen comprender un poco más sobre el verdadero sentido de un país democrático, salieran a las calles circundantes de
La tensión es absoluta. Un segundo más y suena el primer disparo. Cae un estudiante tendido en el suelo. Los demás se abalanzan sobre ellos y caen algunos más, pero finalmente los policías terminan desapareciendo consumidos entre la multitud furibunda. Una muchedumbre amorfa ha logrado levantarse en contra de la presencia coercitiva del estado en los únicos predios en los que se podía rescatar la verdadera democracia.
No tardará, sin embargo, en llegar un ejército completo a la universidad. Tanques y helicópteros rodean la institución por todos los francos. Pero los estudiantes son muchos y tienen sus convicciones muy firmes. Preparan un arsenal de explosivos artesanales y esperan con decisión.
Transcurren tres días en los que los estudiantes amotinados enfrentan casi desnudos y valerosamente los ataques de las fuerza armadas. Mueren algunos, pero finalmente la policía se da cuenta que le va a ser muy difícil apoderarse de la universidad, además comprende que le quedará muy mal en pleno siglo XXI adelantar una masacre estudiantil de grandes proporciones, como pasara hacía algunas décadas en otros escenarios mundiales y que en estos tiempos eran fuertemente sancionadas por los organismos de derechos humanos internacionales. Es así como deciden abandonar la toma del campo universitario y esperar que la marea se calmara.
En efecto, mueren varios estudiantes, pero seguramente eso no importa, es un sacrificio pequeño, un primero paso que abre las puertas para que la sociedad comience a reflexionar con decisión sobre lo que está pasando no sólo con la universidad sino con la sociedad en general.
La universidad ha sido liberada y este será el primer paso para liberar a toda la nación de un gobierno que no se merece.
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Historia de acuerdo al modelo de Rosselini
Carolina y Vladimiro son dos estudiantes de economía de
El presidente de turno es un hombre autoritario, corrupto y despótico con claras tendencias neoliberales y clasistas. Dentro de una serie de proyectos que ha contemplado dentro de su plan de gobierno se tiene una política privatizadora (que incluye la universidad pública) y un favorecimiento frontal a grandes empresas multinacionales en detrimento de la clase pobre y obrera. Al interior de la universidad se ha creado un grupillo de agitación social clandestino conformado por una decena de jóvenes de orientación izquierdista que reclaman del gobierno las ya conocidas proclamas de justicia social, lucha de clases e ilegitimidad de un estado aliado a los grandes empresarios y oligarcas.
Esta paulatina relación entre Vladimiro y este grupo de estudiantes ha ido deteriorando poco a poco la relación entre los dos novios. Ella no comprende las motivaciones de Vladimiro. Es posible intuir la ruptura de la pareja. Sin embargo, hay algo que los sigue uniendo, el compromiso con una serie de proyectos académicos que han emprendido juntos. Continuarán inevitablemente unidos, al menos por un tiempo.
A Vladimiro le disgusta mucho la indiferencia de Carolina ante los problemas sociales. Él considera que ella ha estado encerrada en una especie de burbuja de lujos que le ha impedido reconocer otro tipo de realidades. Un buen día de aquellos en que tiene que reunirse con ella para trabajar en un proyecto académico, la convence de que lo visite en su casa, la cual ella se ha sentido reacia a conocer, pues le produce un poco de aprensión adentrarse en un barrio popularmente conocido por sus altos índices de miseria y delincuencia.
Vladimiro vive en Mojica, un barrio de invasión. Carolina se baja del bus con mucho de inquietud. Comienza a buscar la dirección notablemente nerviosa. Paranoica mira para todos lados, con miedo de ser robada. En un recorrido de cinco minutos que para ella se vuelve como media hora, Carolina pude ver muchas cosas. Niños sucios tratando de despistar el hambre jugando con carros baratos y muñecas desmembradas en los pisos de tierra; mujeres con canastos plenos de ropa ajena, que van al río para lavarla y así poder comprar algo de pan y de panela para sus hijos; ancianos muriendo por un agripa en los zaguanes de sus casas, pues para ellos la salud es un privilegio que no pueden pagar; jóvenes pensando en robarla, no porque sean naturalmente malos, sino porque la vida nos les ha brindado más oportunidades… caños de aguas negras y miseria, miseria, miseria…
Finalmente Carolina llega hasta el final de la calle, una colinita donde por fin encuentra la dirección de la casa de Vladimiro. Le abre una anciana. Es la abuela de Vladimiro. Le informa que su nieto no está, pero la invita a pasar para que lo espere. Ella se fija en los modales de Carolina y advierte fácilmente su procedencia social. Se disculpa por hacerla sentar ahí en medio de la miseria. Aprovecha, como bien saben hacer los ancianos, para contarle parte de su historia, a manera de justificación. Le narró como había llegado allí hacía como una década, junto con muchos otros paisanos de un pueblo del centro del país, desplazados por un grupo paramilitar asociado a una multinacional que los había amenazado con matarlos si no abandonaban sus tierras. Allí habían matado a Sergio, el papá de Vladimiro. Carolina la escucha pensativa.
Vladimiro no tarda en llegar. La saluda, saca sus materiales de trabajo e invita a Carolina a empezar su trabajo. Carolina no puede concentrase mucho está realmente impactada. Mira atentamente a Vladimiro con insistencia y curiosidad. Pronto se hará tarde y ella no se concentró en el trabajo. Vladimiro sale con ella para acompañarla a tomar el bus. Ella no habla, está absorta. Una vez más aquel paisaje agreste, y ella puede verse en su habitación rosada, lejos de cualquier peligro, lejos del hambre. Mira con curiosidad y con un poco más de tranquilidad cómo muchos jóvenes que en la mañana le había parecido peligrosos, se acercan a Vladimiro a saludarlo con familiaridad. Ellos lo respetan y sienten por él gran admiración, pues es el único joven de aquella barriada que ha logrado, con mucho esfuerzo de por medio, ingresar a la universidad. Es una especie de mesías entre su gente. Y es allí donde Carolina comienza a entender muchas de las actitudes de Vladimiro: un muchacho al que le ha tocado vivir en un mundo injusto, diferente, dentro del cual le ha tocado sobreponerse y del que quiere salir, pero no sólo, sino con toda su gente.
Es tarde y Carolina puede ver como este barrio comienza a llenarse de policías. Y es que este barrio es un potencial foco de perturbaciones. Pero, ¿no sería mejor que el estado enviara médicos y maestros que mercenarios? Sin embargo está muy lejos de comprender la magnitud de un inmenso problema que Vladimiro conoce muy bien y de cerca.
Al día siguiente, cuando Carolina llega a
Vladimiro está tan concentrado con sus camaradas de lucha que ha mandado todo al demonio: su trabajo académico son Carolina y su relación con ella. Carolina, por su parte, si bien ahora conoce mejor las motivaciones de Vladimiro, no le justifica que haya dejado todo al garete.
En la universidad se ha gestado un ambiente cada vez más tenso. Vladimiro y sus amigos han hecho una fuerte campaña para sensibilizar a sus compañeros para hacer respetar la independencia de la universidad como un recinto sagrado del debate democrático. Les han hablado de la importancia del sostenimiento de la universidad pública como un patrimonio de las clases bajas como única posibilidad de conservar un poco de esperanza.
Llegó el día en que todo esto tenía finalmente que estallar. Los jóvenes de la junta, decididos a sacar a la policía de la universidad, se amotinan pacíficamente a primeras horas de la mañana en las puertas de la universidad. Todos los oficiales que llegaban temprano a custodiar los movimientos al interior del campus inicialmente se sorprenden. En seguida piden refuerzos. En un santiamén todos los alrededores de la universidad están vestidos de verde militar. Inicialmente conminaron con palabras a los estudiantes para que desistieran del amotinamiento, pero ante la negativa decidieron emprender medidas más drásticas.
Los demás estudiantes que continuaron llegando a la universidad se sintieron sorprendidos. Algunos se comprometieron con la causa y pasaron a engrosar los cinturones que impedían la entrada de la policía a la universidad, en tanto que muchos otros se devolvieron cómodamente a su casa en cuanto vieron la algarabía.
La policía estaba dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias. En el momento en que se dieron cuenta que sería imposible desalojar de allí a los estudiantes a partir de simples persuasiones verbales, amenazaron con medidas violentas. Carolina llega en medio de la confusión y se queda a un lado expectante.
No fue sino que reventara la primera bala en el aire para que el cinturón comenzara a tambalear… pero cuando parecía que todos correrían despavoridos, ocurrió lo inesperado. Vladimiro pudo ver como de entre la muchedumbre expectante apareció la figura de Carolina como una aparición bíblica, como si fuera la parusía, un milagro. Se paró entre los policías y los jóvenes manifestantes y les exigió que no dieran un solo paso atrás. La muchedumbre como enloquecida sintió una euforia repentina y comenzó a correr en dirección de los policías a quienes no les quedó más que retirarse.
Al menos por aquel día, la confrontación la habían ganado ellos. Se devolvieron a la universidad y comenzaron a planear entre todos la recuperación total de la universidad para el librepensamiento. Para Vladimiro y Carolina comenzó también una nueva etapa. Algo entre los dos comenzaba a cambiar otra vez.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Historias
Hace tres días que un grupo numeroso de estudiantes se ha tomado la universidad. En su mayoría son jóvenes que pertenecen a los grupos radicales de izquierda. Se presume que los líderes de la protesta están siendo impulsados por organizaciones terroristas. Estos estudiantes han bloqueado la entrada con buses incendiados y pedazos de pared. Combaten a la policía con papas explosivas y piedras. Llevan puestos pasamontañas, algunos tiene radio comunicadores.
La policía hasta el momento ha contenido a los estudiantes con gases lacrimógenos y chorros de agua a presión desde tanquetas. En las últimas horas se han escuchado disparos, no se sabe con precisión quien los ha hecho.
(Nota: esta introducción funciona como un contexto en el que me imagino podrían suceder las tres historias)
1. JOHN FORD
José es un teniente de la policía. Su hija, Laura, estudia en la universidad departamental. José y Laura no se hablan varis meses porque el novio de Laura es uno de los dirigentes de un movimiento estudiantil de izquierda. El clima político del país es muy inestable y los estudiantes de los movimientos de izquierda deciden tomarse la universidad por la fuerza. La protesta dura tres días. El tercer día José entra a la universidad con un escuadrón especial antidisturbios para recuperar la universidad. Los estudiantes se resisten con violencia y la policía pierde el control. Algunos de los agentes empiezan a disparar. En medio del combate José ve a Laura que trata de impedir que su novio siga en el enfrentamiento. En ese momento varios estudiantes atacan a José con papas explosivas, el se esconde detrás de un árbol, se escuchan disparos y los estudiantes retroceden. José corre para buscar a Laura pero solo encuentra uno de los zapatos junto a un hilo de sangre. En ese momento José se da cuenta que su hija ha muerto, saca su revólver y empieza a disparar a los estudiantes que aun ponen resistencia. Corre tras ellos mientras dispara a quemarropa. Poseído por la rabia alcanza a uno, lo coge por el cuello y le pega con el revólver en la cara, lo tira al piso y le da una pata en la cabeza de tal forma que la punta de su bota queda manchada de sangre con pedazos de carne.
Cinco días después José le lleva flores a Laura al cementerio. Lo han destituido de la policía pero encubriendo los varios asesinatos que cometió del día de la retoma de la universidad. José ha jurado no descansar hasta matar al novio de Laura y de esta manera vengar su muerte. José piensa que ha sido culpa del novio que Laura estuviera ese día en la universidad.
Algunos de sus compañeros de la policía han torturado estudiantes para darle información a José del paradero del novio de Laura. Su nombre es Oscar, vive en el distrito y lo más seguro es que haya salido de la ciudad para unirse a la guerrilla. José hace alianza con uno de los jefes paramilitares del departamento y va de pueblo en pueblo, de vereda en vereda, ajusticiando campesinos para que estos le digan el paradero de Oscar. José se pasa un año buscando, es herido en una pierna y queda cojo, mata al jefe paramilitar para ocupar y hacer que la búsqueda sea más fácil. Un día en una escaramuza se da cuenta que quien dirige la cuadrilla guerrillera es Oscar. Los Paramilitares gana el combate y toman prisionero a Oscar. En una fíncalo torturan; le cortan los dedos gordos, el arrancan el ojo izquierdo y lo electrocutan en los testículos. José vuelve a la ciudad con Oscar, lo entrega a la policía y cobra una recompensa que ofrece el estado a quien entregue vivos a los terroristas.
1.1 Para contar esta historia como lo haría John Ford se partiría de planos generales sobre el que se haría un montaje de planos más pequeños y rápidos en los que se describa la geografía de los lugares y la ubicación de los actores. Siempre buscando privilegiar la posición autoritaria del protagonista (José). Se respetaría el eje evitando crear saltos que delaten en el espectador la película y se procurará que el personaje principal siempre entre por izquierda y salga por derecha para dar la sensación de que siempre está avanzando.
1.2 La iluminación en esta película buscara acentuar los picos dramáticos, de tal forma que las escenas de muerte serán más oscuras que las de combate, etc.
2. ROBERT BRESSON
Un hombre joven pasa corriendo. Un grupo de policías pasa corriendo, persiguen al hombre joven. El hombre joven entra a un edificio, se queda un momento quieto, detrás de una pared, y escucha que los policías siguen derecho. Espera. El hombre joven sale despacio del edificio, con cautela, observa detenidamente y cuando está seguro que no hay nadie corre por un potrero hasta otro edificio. El hombre joven se esconde debajo un escritorio, se mete la mano al bolsillo del pantalón y saca un pasamontañas, lo guarda en un cajón del escritorio. A lo lejos se escuchan explosiones. El hombre joven se para y mira por una ventana, no ve a nadie. El hombre sale del edificio, camina despacio, se detiene, escucha unos pasos, se esconde detrás de unos arbustos tratando de no hacer ruido. Ve cómo pasan cuatro policías. Uno de los policías se agacha para amarrarse los cordones de las botas. Suena una explosión muy cerca y los policías corren en la dirección del sonido. El hombre joven se queda mirando el espacio que ocupaban los policías. Después de un rato se da cuenta que lo están picando las hormigas y se sacude con violencia. Al sacudirse hace mucho ruido. Escucha pasos, gente que corre. Alcanza a esconderse detrás de un muro y ve varios encapuchados que corren, tras ellos van tres policías con armas en la mano. Los policías disparan y uno de los encapuchados cae. El hombre joven mira al encapuchado tratando de reconocerlo, los policías se agachan sobre el cuerpo tirado en el piso. El hombre joven se escabulle deslizándose por el muro, cuando cree que nadie lo ve sale a correr. Para de cuando en cuando para asegurarse de que nadie lo siga. Corre por debajo de unos árboles tupidos. Llega hasta una cerca alta de alambre de púas que da a una calle. Trata de separar los alambres para pasar por en medio pero están muy duros y no lo logra, se corta una mano. Al fondo se escuchan explosiones. Decide trepar por la cerca. Ahora se escuchan disparos y explosiones. El hombre joven trepa y mira hacia atrás vigilando que nadie lo vea, se corta la otra mano. Al fin llega a lo alto de la cerca y salta. Se limpia la sangre de las manos por dentro de la bota del pantalón, se queda mirando un rato hacia adentro (de donde salió), se da la vuelta y sale a correr. Se escuchan disparos.
2.1 Para hacer esta historia en el estilo de Robert Bresson se haría un solo plano por acción de los personajes. El montaje se haría continuo, respetando el tiempo del relato, pero sin insertos. Se buscarían fondos neutros y que los personajes se conviertan en parte del decorado y que su expresividad se dé a partir la relación que tienen con los otros objetos dentro del cuadro, casi sin actuación.
2.2 la luz será deberá ser sobria y en lo posible mínima, siempre justificada por fuentes lumínicas que se hayan visto en algún momento. La cámara deberá permanecer lo más quieta, no se utilizarán movimientos de cámara. El muchas cosas narrativas se resolverán por sonido.
por Mateo Guzmán
miércoles, 10 de diciembre de 2008
CONSIGNAS
I
Marco está en un baño de la biblioteca de la universidad. Defeca mientras lee la pared «Vivan las FARC EP». Una flecha con marcador de otro color guía su mirada hacia «Pero bien lejos de aquí». En los audífonos escucha Zombie Girl, electrónica oscura y demencial, concretamente la canción I want it. Canta I am a Zombie…I am a Zombie… I am a Zombie. Ve el croquis de Colombia que está dibujado justo al lado de los mensajes, y se imagina pequeña explosiones que abren huecos en la lata. En un momento le pone color de relleno. Un rojo que chorrea, se sale de los bordes. ¡Qué puta mierda de país! Dice como si hubiera alguien para escucharlo. Empieza una nueva canción, y con ella un nuevo beat oscuro. Termina de hacer aquello que lo ocupaba y sale del baño. En un segundo ya está afuera de la biblioteca. Alguien recita Qué clase de verdad es la que está separada por montañas, y se hace mentira al otro lado de esas montañas.
- Cómo va la causa Toño.
- Bien Marquito.
- Me puedo imaginar las montañas ¿Sabes? Los imbéciles de acá diciendo verde. Los imbéciles de allá diciendo violeta. Entre los imbéciles de acá hay una oposición que dice violeta…
- ¿Y entre los de allá la oposición dice verde?
- Es natural.
Marco se sienta en los escalones que dan acceso a la biblioteca, justo al lado de Antonio.
- Sabes que hay problemas que no tienen, o no necesitan una solución.
- ¿Cómo tu vida?
- Es buen ejemplo.
- Uno muy general dirás tú.
- Hay eventos muchísimo más concretos, por supuesto, pero no era mi interés relatarlos ahora. Sólo quería mencionar esa idea que me había surgido.
- En todo caso, alguien debió haberlo dicho antes. Es difícil tener una idea original hoy en día.
- Por esa actitud derrotista es que ahora la gente sólo puede tomar discursos prestados, aniquilar su independencia y hacerse parte informe de la gran causa de alguien.
- ¡Amen!
II
Antonio recuerda una confrontación que vio en Internet, en una de esas páginas de foros que funcionan como medios alternativos para que la gente exprese sin ninguna censura sus opiniones acerca de política o lo que sea. Tiene una gran capacidad para recordar casi al pie de la letra grandes fragmentos de conversaciones, las revive en su mente, las recrea en imágenes, y les pone de música la fondo que viene del audífono derecho del reproductor de Marco, que es Black Rebel Motorcycle Club, algo de Rock and Roll psicodélico: Hablan de un chico que perdió la mano ¡Por culpa de esos hijueputas policías nuestro compañero se quedó sin mano! Todos vimos cómo pasó. Ahí está el capucho, alegando justo en la entrada de la universidad. Oigan ustedes, con qué cara critican a los medios, Caracol y RCN, y los acusan de manipular la información, cuando ustedes hacen exactamente lo mismo. Yo sé que cuando eso pasó, a las doce y quince, la policía ni siquiera había llegado… A ese man se le estalló esa papa en la mano por estar jugando a la revolución. Yo estuve atrapada en aquel tropel, y la policía antes me protegió. Dejen de encubrir su propia estupidez. Allí se imaginó Antonio a la chica, justo en frente del capucho. Refutándole con total seguridad. La dibujó rubia, grande, con carnita, con converse azules, maletín Totto de un azul más oscuro, y algún adorno en el pelo. Vos sos una maldita burguesita. Seguro sos uribista. Y si la policía te protegió es porque sos vieja y seguro que querían comerte. ¿Por qué no te vas mejor a estudiar a una de las universidad privadas? Y te desentendés de todo lo que pasa acá. Antonio se imagina a la rubia tomando un respiro. ¡Malparidos! Ni siquiera me conocés, ni conocés a mi familia. Para tú información; mis ideas siempre han estado más cerca de la izquierda que de otra cosa. Mi padre toda la vida ha formado parte de sindicatos. Y no venga a intentar enseñarme qué hacer con mi vida… Sólo porque no salgo como imbécil a tirar piedras a la calle y a dañarle las cosas a la gente, no me hace parte de la oligarquía ni nada.
- Quiero conocerla.
- ¿A quién?
- La chica del foro, la que te dije.
III
Ya es de noche. Marco ve la televisión, medio dormido, en el sillón de la sala. Chorrea un poco la baba, y el resplandor multicolor que ocasiona el zapping le ilumina la cara. Para en el canal en que pasan noticias. Muestran vídeos de una universidad en Bogotá, el asunto es la infiltración de ideologías e individuos de la guerrilla en las universidades públicas. ¡Qué puta mierda de país! Y se ríe irónicamente. Su madre sale de la cocina y se sienta a su lado.
- Hijo – dice amorosamente. Recuerda que mañana es tu cita con el psicoanalista.
- Ya lo sé.
Tocan a la puerta. La madre de Marco abre. Es Antonio. Le hace la seña para que siga y él asiente cortésmente.
Pasan a la habitación de Marco, y éste enciende el televisor pequeño que tiene allí y que está destinado exclusivamente para ser usado como proyector de la consola de videojuegos. Se sientan en el suelo y se recuestan en la cama. Marco toma un control y le tira el otro a Antonio. Besa el control y dice XBOX es un Dios para mí. No tienen necesidad de cambiar de juego; Marco casi siempre tiene el mismo adentro, porque es el que más juegan, uno de guerra, inspirado en las guerras mundiales I y II. Marco le hace una seña, y Antonio presiona Play en el estéreo del cuarto y empieza a sonar música fuerte y apocalíptica. Empiezan la partida, y el juego progresivamente va aumentado en intensidad, cada vez se involucran más. Antonio es mucho más estratégico, y entre más concentrado esté más cautelosos se vuelve. Por el contrario, Marco juega de una forma evidentemente suicida. Cada vez que mueren, el juego, mientras carga de nuevo la partida, muestra grandes citas relacionadas con la guerra «En tiempo de paz, los hijos entierran a los padres; En la guerra, los padres entierran a los hijos » «Los peores crímenes son cometidos por unos pocos, deseados por unos pocos más, y tolerados por todos» «La guerra no nos enseña a amar a nuestros enemigos, sino a odiar a nuestros aliados» Esto se repite muchas veces durante la noche, porque el tiempo de vida es relativamente corto. Algunas frases fueron visualizadas por ellos más de tres veces…
- Ya estoy aburrido de esa frase – dice Antonio.
- Sí. Tal vez nos quiere decir que es hora de que lo dejemos.
- De acuerdo – dice, Marco, y tira el control a un lado.
- Hasta ésta guerra cansa.
- Ja! Mañana tendré que luchar con los recuerdos que se supone explican mi comportamiento atípico. Deberé mediante mi propio acto de enunciación, ser capaz de darle solución a unos problemas que nunca la pidieron…
- Recuerdas al chico rastafari que ve esa clase de literatura con nosotros.
- Cómo olvidarlo.
- Me dijo que mañana se venía algo grande.
- Bah! – dice Marco mientras se recuesta y mira al techo. Seguiré hasta el final sin que me la revolución me valga comino. No la apoyaré, no la atacaré, y si me preguntan de que partido soy, diré que soy del de los vampiros y los hombres lobos.
IV
Esa noche Marco tiene un sueño. Son varias escenas que se interconectan. Primero Aparece él parado en una tarima frente a una gran concentración de estudiantes. Las instalaciones son las del colegio tal y como lo recuerda. Hay varones y chicas, en igual proporción, más de un centenar, y todos grandes, como si fueran del curso superior. Él, en cambio, es muy pequeño, como si tuviera cinco años. Tiene el micrófono en su mano; pesa mucho y no puede sostenerlo sin temblar. Todos esperan a que empiece su alocución. Se siente perplejo. La razón de que esté aquí es… Siente verdadera angustia… Decía que estoy porque he podido… porque ustedes… Siente que se queda sin respiración, cierra los ojos y ya se encuentra en otro espacio. Mientras eso ocurre, Antonio (En el mundo real) pasa la noche en vela frente al computador, intentando rastrear a la chica que en el foro fue capaz de encenderse con los capuchos… emplea varios métodos, no consigue un resultado satisfactorio. En el sueño, Marco camina con Antonio y una antigua amiga por el sector de Holguines trade center, de un momento a otro se inicia una batalla campal. Corren agachados buscando un refugio, en ese momento pasa un camión y tira varias pipas de gas, que explotan muy cerca. Siente que todo da vueltas alrededor. Marco muere en el sueño.
V
Marco va en la buseta, rumbo a la universidad. La persona que va su lado durante todo el recorrido, tiene abierto un periódico en el que Marco puede leer fragmentos de un artículo titulado Crisis en Univalle: la situación más roja que nunca. En el recorrido vuelven a él muchas de las alocuciones radiales, que casi accidentalmente llegaron a sus oídos durante los días anteriores. Problema con los corteros; indígenas en protestas; Violencia paramilitar; Violencia guerrillera; etcétera, etcétera. Se imagina que las voces que hablan de esos conflictos son los estudiantes que observa desde la tarima.
VI
La universidad se encuentra empapelada. Carteles que aluden a la movilización indígena, en contra de la reelección, en general, hay más propaganda que nunca. Antonio camina dentro de la universidad, con la maleta cargada y observa. Marco viene desde la otra dirección, entrando y también observa. Hay graffitis que mencionan a grupos subversivos ¡Puta mierda! – Dice Marco – a dónde hemos llegado. ¿Hemos? El hemos queda retumbando en su mente. En ese momento ve a alguien que lo saluda, se acerca un poco. Es una compañera de clase, le dice algo que no puede entender bien, y se va.
- Ah, no me gusta tanta joda – Dice Antonio. Había un cartel de propaganda del partido comunista, y estaba la cara de Stalin, como si fuera un héroe. Yo le detesto. Por gente como él, pierdo la fe en el ser humano.
- Pensaba que era un asesino.
- Todos lo son.
- Sí, hasta el Dios de la Biblia Judeo-cristiana. Qué maldito buen ejemplo, ¿no? ¿Un Dios nacionalista? Odiaba a los otros pueblos. Mató a Egipcios, Filisteos. ¿Quién nos dice que eran tan malos?
- Sí. La Biblia es un medio de comunicación, de alguna manera. Pudo haber manipulado información.
- Finalmente conseguí ubicar a la chica; quedamos de vernos a las doce en Unicentro. Ésta mañana que revise el correo antes de salir, me di cuenta. ¿No es sensacional?
- Creo que lo descubrí. El error no es ser comunista o ser cristiano-demócrata o islamo-fascista, neoliberal o lo que se quiera ser. El error es estar vivo, y es doble para los que además son pobres. Hacerse portador y soportador de un ideario político es un error ulterior, y obedece a algo casi casual, accidental, y, por supuesto, a la necesidad de la gente corriente de ubicarse dentro de esquemas formulados previamente, y sentir que su necesidad de realización individual, que no es posible para todos, la reemplazan por la realización en el grupo.
- No creo que aplique para todos.
VII
Faltan cinco minutos para las doce. Antonio va hacia Unicentro. Un capucho va camino a la puerta de la universidad. Hay mucha gente alrededor del camino, así que para quedar bien dice Estoy acá para servir. Entonces tráeme un tinto, dice alguno de los que está por ahí. En ese momento Comienza el estallido en plena avenida pasoancho. El capucho que acababa de salir está un poco de malas pulgas, así que intenta obligar a todos los ‘’ civiles ‘’ que están allí afuera a que abandonen el área. Mucha gente de pronto, dispuesta a hacer parte de la revolución empieza a llegar. Antonio, que ha quedado inesperadamente involucrado en lo que pasa, recuerda una frase del chico rastafari: Va a ser fuerte, porque ésta vez pidieron refuerzos. Hay efectivamente mucha más gente de lo normal, y alguna carga artefactos que nunca había visto. En ese momento se dio cuenta de que, como nunca había pasado, había reflexionado demasiado en una situación como esa, que además parecía más compleja que las anteriores, y se había comprometido su seguridad. Imposible era ir a unicentro. A esa altura ya estaba ardiendo la portería. Ya habían secuestrado el bus, como siempre. No tardaría en actuar la policía. Pero él, como otras cuantas personas apenas empezaban a desplazarse hacia la calle quinta. Los que hacían la revolución parecían no ponerse de acuerdo en cosas. Y en un momento (en realidad todo lo que se ha relatado se supone que sucede en un lapso de tiempo ínfimo) el capucho que está para servir como que enloquece un poco, y empieza a correr detrás de éstas personas, y lanzar papas bomba. En el grupo que, incluyendo a Antonio, es como de 6 personas, va una chica con el que parece ser su hermano y que tiene algún problema en las piernas, y camina cojeando. ¡Hijueputa! Grita Antonio y en ese momento siente un fuerte calor, y cómo fragmentos le caen en el cuerpo. Sólo puede reír irónicamente.
Marco se ha quedado en una banca pensando en cosas, soñando despierto. Se da cuenta de que ya la mayoría de gente está evacuando la universidad por la otra salida. Entonces, busco un lugar visible donde pudiera rayar, tomó el marcador más grueso que tenóa y escribió tan grande como pudo, traduciendo fielmente lo que conocía de una canción de Type O Negative : La izquierda dice que soy un fascista, la derecha me está llamando comunista. Odio, odio, odio para todos. No importa que creas tú, yo no creo en ti.
El Sujeto Con Los Ojos Peculiares
Versión Al Estilo Hitchcock
Mi vida se desperdicia en dos espacios, básicamente, la universidad y mi casa. En ocasiones se me considero un genio, y en la época del colegio, parecía serlo. Pero las notas opinaban lo contrario. Situación que no cambio mucho en la universidad.
En un principio de la vida universitaria, todo se veía distinto, y el viejo ideal del marxismo comenzaba a tener sentido para mí. El segundo semestre mi espíritu social crecía a velocidades altísimas, y como muchos otros estudiantes, creía que el socialismo era la solución a los problemas del país. Eventualmente me vi terriblemente decepcionado de esto, pues partir del presupuesto que todos los seres humanos somos iguales, es simplemente risible, pues es obvio que el pueblo es una masa temerosa y estúpida, que no es capaz de reflexionar. A final de cuentas, me di cuenta que había algo distinto, algo que me hacía mejor que todos, y era que yo podía pensar, sabía como hacerlo, mientras que ellos no.
Durante un par de años, cada jueves, o el día que le diera la gana al baboso que organiza los tropeles en Univalle, de enfrentarse a la policía, yo simplemente emprendía una caminata considerablemente larga para salir fuera del peligro que implicaban estas peleas. Bombas se escuchaban, y el humo se levantaba lentamente en dirección a las nubes. Y hay que admitirlo, siempre es un evento digno de ser admirado, pero altamente arriesgado.
Hace un par de semanas, como es costumbre, empezaron a detonar sus pequeñas bombas, que no suenan tan pequeñas. El estallido dejaba mis sentidos adormecidos durante un segundo y luego, llegaba otra explosión que lo acompañaba. Los salones empezaron lentamente a vaciarse, y los estudiantes empezaban a dividirse entre los valientes de siempre, que se quedaban a ver la pelea junto a la portería, y los cobardes que buscábamos refugio lejos de allí. Mientras avanzaba en mi lenta caminata, aun escuchaba los gritos de lucha de los encapuchados, aunque jamás entendí qué demonios decían. Pero como iba diciendo, mientras caminaba, vi acercarse a 3 de estos tipejos con capuchas y se detuvieron frente a mí, por un segundo. Uno de ellos me miró a los ojos, y noté cierta familiaridad con el tipo, pero inmediatamente después, continúo con su camino. El episodio aunque algo peculiar, no hubiese sido tan importante, pero con lo que pasó luego, tomaría una relevancia muy alta en mi futuro no tan lejano.
Al otro día, me desperté a las 7 de la mañana, como un día normal para bañarme e ir a estudiar. La comida a esas horas de la madrugada, me repugna, así que siempre salgo sin desayunar. A dos cuadras de mi casa, tuve la extraña sensación de ser observado, y a pesar de ser un paranoico empedernido y estar acostumbrado a la sensación, en esta ocasión, me encontraba mucho más inquieto. Mientras me subía al bus y pagaba el pasaje, miré por la ventana, y alcance a ver la sombra de una persona, pero era solo una sombra para mis ojos, que se perdió cuando el chofer me devolvió $500 y miré mi mano para confirmar que no había sido estafado. Para el momento en que volví a buscar con los ojos la sombra, ya estábamos lejos y los carros de atrás me bloqueaban.
Aquel día en siguió siendo normal, nada nuevo, los mismos profesores cuadriculados de siempre, los mismos compañeros con delirios de grandeza aun mayores al mío y para rematar, las mismas notas paupérrimas que siempre completaban mi día perfecto.
De nuevo yendo hacía mi casa, en el bus, siento que me miran. Está lleno de gente, y no veo a nadie que se vea sospechoso, así sospeche de todos, incluso del bebé que tiene una señora cargado. Tengo que decirlo, tenía miedo, pero no tenía ni la más remota idea de qué. En cuanto me bajé, me sentí aliviado, pero fue en ese instante en que tres sujetos me acorralaron. Y de nuevo, uno de ellos se me paró enfrente y me miró a los ojos, eran los mismos ojos que había visto el día anterior entre trapos, el encapuchado de la universidad, y al parecer, sus dos mismos secuaces.
El sujeto me dijo que fuéramos a otro lugar para hablar, la curiosidad me embargaba y el miedo también, pero accedí a irme con ellos. Caminamos media hora hasta llegar a una panadería, y allí me condujeron hacía la parte de atrás, algo así como una bodega. A penas entré, me recibieron con un golpe en el estomago, y luego, ya en el piso por el dolor, otros pies me recibieron a patadas. Cuando desperté, estaba amarrado a una silla, y una lámpara colgante me alumbraba el rostro, “¡muy cliché!”, pensé, pero le daba un toque mágico a la situación. Frente a mí, estaba el único rostro que reconocía, pero eran sus ojos los que me intrigaban. Él discutía con otro sujeto más alto y fornido, pero no lograba entender mucho, supongo que estaba aturdido por tantos golpes. Pasaron 3 horas en las que intenté reflexionar cualquier posibilidad para la que yo esté en ese lugar en tal estado, pero nada tenía sentido, termine pensando que tenía que ser algo con la identidad de los encapuchados. Creerían que los reconocí, y querían protegerse, e intimidándome lograrían hacerme callar.
Al otro día me desperté en mi cama, con varios moretones y muy confundido, pero me sorprendía el hecho de estar a salvo, si ya había aceptado que mi muerte sería a manos de unos desconocidos en una bodega vieja de una panadería de barrio.
No fui a la reportarlos con la policía, no encontraba la relevancia de hacerlo, pues conociendo un poco el sistema judicial del país, saldrían libres al otro día.
Tomé un cuchillo viejo y oxidado que estaba en el patio, y le saque filo. Me encontraba muy aburrido, y simplemente actué sin pensar.
Lamento lo que pasará a continuación, pues nacida del mundo absurdo es mi mente también. Fui a la universidad y encontré al tipo de los ojos. Le seguí hasta el baño. Y esperé que hiciera su asunto, no quería untarme de orines. Saque el cuchillo, y lo acorralé por la espalda, y por lo hice besar la hoja oxidada cortándole medio cachete. Luego procedí a preguntarle el por qué de lo que me había hecho, a lo que respondió con un simple, “nos equivocamos de persona”. Desafortunadamente no me sentí satisfecho, y le volé una oreja, sólo para demostrarle que no era el único con sed de sangre… pensé en matarlo, pero no me sentía con ganas, así que busque a los otros que estaba con él. No me costó mucho, pues descubrí que el tipo, Manuel, era muy colaborador después de un par de golpes y cortadas, y me dio nombres y hasta un poco de dinero.
Manuel después de todo era un buen chico, él pensó que yo era quien le había robado la novia, pues mi descripción encajaba mucho con la que tenía del otro. Pero cuando me quitó la billetera mientras estaba inconciente y vio mi nombre, descubrió su error, asustado decidió amenazarme para protegerse y siguió golpeándome junto con 3 amigos más hasta la noche. Cosa que no recordaba, pues resultaron buenos golpeadores y me dejaron amnésico unas horas.
Encontrar al segundo dormido detrás de la biblioteca, se me hizo muy aburrido, pero igual, necesitaba desahogarme, así que le corté un dedo para despertarlo. Pero no quiso pelear, lloró mucho así que lo dejé ir, para poder cazarlo. La golpiza jamás la olvidara, cada vez que intente tragar alimentos sólidos, pues me divertí con su traquea.
Los otros dos no fueron más que una extensión de los otros. Y habiendo terminado mi pequeño capricho, opté por algo distinto. Volver a mi vieja rutina. Estaba seguro que ninguno de ellos me demandaría, a fin de cuentas, ellos hicieron algo peor. Lo que me atemoriza ahora es mi incapacidad de emocionarme con las cosas. Ni asco, ni placer sentí, a parte del dolor, nada más pasa por mis venas.
Por lo menos ahora, tengo un par de ojos extra, unos que vi por primera vez en medio de unos trapos, y me hicieron sentir profundamente inquieto y fascinado. Los guardo en un tarro de formol junto mi cama y a veces cuando me miran, siento la misma ansiedad que sentía al principio mientras me seguían en la calle…
David García Tejada