Alberto Isaza Gil
Historia de acuerdo al modelo de Henry Ford y el MRI
La situación del país es tensa. El presidente de la república es un político autoritario, que teme a una posible desestabilización por parte de estos grupos insurgentes. Está paranoico, pero se trata de una paranoia bien infundada. Los grupos estudiantiles están preparando una arremetida fuerte en su contra, y por ello el gobierno está prevenido, preparado para el contraataque.
Sonia es una joven de 24 años, 5 de ellos dedicados a la policía. Es inteligente y de alta confianza. Un buen día es llamada por sus superiores para encomendarle una misión especial. Ha sido escogida entre muchos otros oficiales para que se infiltre en la universidad como una estudiante corriente con el propósito de de realizar labores de inteligencia. Su misión: confundirse al interior de los grupos beligerantes y ganarse su confianza con la finalidad de desenmascarar a sus líderes y develar sus propósitos oscuros en contra del gobierno.
Pero no es sólo su belleza e inteligencia. La razón por la que escogen a Sonia tiene una motivación más. Ella sostiene un fuerte desprecio por los movimientos de izquierda puesto que cuando ella era niña su padre, también policía, murió mientras buscaba proteger al Palacio de Justicia Nacional, luego de una toma violenta realizada por una célula guerrillera urbana. Sonia siente profundo odio por cualquier movimiento de izquierda que pretenda perturbar el orden establecido. Aquella sombra del pasado alimenta mucho de las motivaciones que impulsan su decisión de haber aceptado esta misión.
Sonia se inscribe en la universidad y comienza a estudiar sociología en ella. Poco a poco ha comenzado a poner en escena su fachada de muchacha inconforme, beligerante y con características marcadas de liderazgo, con el propósito de llamar la atención de los cabecillas de aquellos grupos estudiantiles. No tarda mucho en conseguirlo. Después de algunos acercamientos discretos y paulatinos, termina por ganarse la confianza de varios líderes del grupo de manera que es invitada a sus reuniones clandestinas.
Al interior del grupo Sonia conoce a Jhon Jairo, Julián y Silvia, sus tres máximos dirigentes, quienes descubren en ella un potencial latente. Desde el principio Silvia siente desconfianza hacia ella, en parte por envidia y en parte por intuición y por los mismos celos que le provocan pensar que ella va a usurpar su papel de la mujer consentida del grupo (así son las mujeres). Pero esto no es impedimento par que Julián y Jhon Jairo vean en ella una nena dinámica, confiable, inteligente y, por supuesto, bonita. Es así como Sonia comienza a hacer parte activa de las reuniones y de las planeaciones subversivas y políticas del grupo.
Sonia comienza así a informar con detalle cada uno de los pasos del grupo a sus superiores. Está convencida de la estupidez de las acciones y los ideales de aquellos jóvenes resentidos y sin aspiraciones.
Recientemente Sonia ha informado a sus superiores acerca de un pequeño disturbio que se estaba planeando sobre la avenida contigua a la universidad. Aquel día cuando los estudiantes salieron armados de explosivos dispuestos a tapar la vía, descubren con sorpresa que la policía los estaba esperando para repelerlos. La desconfianza de Silvia aumenta y les sugiere a Jhon Jairo y Julián que Sonia es un informante. Pero ellos no le creen. Silvia les propone que la pongan a prueba a través de un trabajo grande y riesgoso.
Así fue. Se trata de invadir en la noche la oficina del rector, al que juzgaban de aliado de la policía, para robarle algunos de los documentos sobre las finanzas de la universidad y de antemano dejarle algunos recuerditos que le hicieran caer en cuenta que el grupo iba en serio. Los elegidos fueron Sonia y Jhon Jairo. El día en que todo estuvo planeado entraron al edificio administrativo en donde estaba la oficina del rector. Forzaron la puerta de la terraza y se quedaron allí hasta que desapareció el sol. Aquella noche los dos ladronzuelos robaron los documentos que creyeron necesarios de la oficina del director, rasgaron otro poco y llenaron de graffitis las paredes. Volvieron a la terraza a esperar el amanecer. Aquella noche Sonia y Jhon Jairo se acostaron sobre la loza a mirar las estrellas y a compartir sueños. Sonia conoció mucho del pasado de Jhon jairo. Por ejemplo, que vivía con una tía pues sus padres fueron asesinados por un grupo paramilitar que en complicidad con las fuerza militares buscaban desplazar a un grupo de familias de unas tierras con el fin ampliar los latifundios de una bananera multinacional. En medio del vértigo y la cotidianidad que se había vuelto su relación con este grupo, Sonia no se había hecho consciente de que desde hacía algunos días había comenzado a sentir que estaba naciendo un lazo, una filiación extraña entre los dos. De repente un beso, que en principio pudo haber fungido como una herramienta de buen estratega, resultó siendo algo más. Al otro día, en cuanto abrieron el edificio, salieron con el botín por la puerta principal confundidos entre la gente que llegaba a laborar en las oficinas.
Pronto pasó algo extraordinario: la policía detiene en sus residencias a Silvia y Julián. Jhon Jairo llama escandalizado a Sonia para comentarle. Y ella también se sorprende. Nadie de los servicios secretos le había informado sobre esta medida. Sintió que estaban poniendo en riesgo la labor de inteligencia.
Después de diez días de fuerte interrogatorio y de presiones en los calabozos, por fin Silvia y Julián fueron puestos en libertad. Al reunirse de nuevo, Silvia arremete fuertemente en contra de Sonia acusándola de traidora. De otra manera, argumentaba, ¿cómo era posible que a ella no la hubiesen detenido también? Ahora bien, ¿por qué tampoco a Jhon Jairo? La respuesta la tenía Sonia. Quizá inconscientemente había buscado protegerlo cada vez que rendía informes ante sus superiores de la policía secreta. Sus sentimientos comenzaron a comprometerse. Sin darse cuenta se había enamorado del ‘malo’.
Sonia sostiene un fuerte altercado con el director de la policía secreta sobre las decisiones que toma sin consultarle y amenaza con abandonar el proyecto. Su jefe aprovechó para pedirle datos acerca de Jhon Jairo, pues si bien al principio lo había referenciado con insistencia, desde algún tiempo no lo había vuelto a nombrar. En esta ocasión Sonia miente deliberadamente. Les asegura que el papel de éste dentro de la organización no había resultado tan importante como lo había sospechado inicialmente. Pero la policía secreta no se comería este cuento. Ya se habían hecho a los servicios de un nuevo informante: Silvia. Sonia fue relevada de la misión. Para Jhon Jairo y sus compañeros de lucha, simplemente un día Sonia sin motivo aparente, no volvió a aparecer por la universidad.
El desenlace de esta historia estaría cercano. Vendría de la mano de una revuelta que el grupo había planeado a propósito de la conmemoración del aniversario del nacimiento del grupo insurgente. Silvia planeó con la policía secreta la entrega de todos los líderes del grupo, con el fin de beneficiarse de un jugoso sistema de recompensas que se había implantado para motivar la cooperación.
En plena revuelta y a través de una serie de órdenes confusas, Silvia propició en los manifestantes una dispersión y una confusión tal que la avanzada que luchaba contra la guardia policial especial para estos disturbios, terminó rodeada y desprotegida. Para los policías fue fácil echar mano, uno a uno de los manifestantes. Jhon Jairo pudo ver en medio de la confusión un policía de los presentes lo tomó por el brazo, le apuntó con un arma a la cabeza y lo esposó, para subirlo a una camioneta. Ya en ella discutió con otro quien le ordenó devolverse a repeler la situación. La camioneta arrancó con él hacia las afueras de la ciudad. Jhon Jairo temió lo peor: una desaparición o una tortura. En un momento la camioneta paró, el policía descendió del auto y fue entonces cuando Jhon jairo se dio cuenta que dicho policía era Sonia. Lo abrazó, lo besó, le pidió perdón y huyeron juntos a iniciar una nueva vida juntos. Ninguno de los dos extremos resultó siendo lo suficientemente bueno como para entregar la vida por él.
PD: Julián y Silvia terminaron juntos sapeando a sus compañeros.
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Historia pensada de acuerdo al modelo de Einsestein
Universidad del Valle. Cali. Colombia. Año 2008.
Estamos en frente de un contexto de gran efervescencia. La estabilidad del Estado está constantemente amenaza frente a un grupo rebelde que se esconde en las selvas, pero que ha extendido sus tentáculos a las ciudades y que ha encontrado en los jóvenes de las universidades oficiales un nicho muy importante para la difusión de sus ideales e ideologías. Se trata de un grupo de muchachos que se sienten inconformes ante un régimen de fachada democrática, pero en realidad, abiertamente despótico, clasista y corrupto.
Si bien en esencia se trata de pequeñas células rebeldes, éstas buscan la sensibilización de toda la comunidad universitaria en favor de la defensa de unos principios apenas básicos de cualquier democracia decente: el acceso a ciertos bienes y servicios elementales, a un verdadero Estado de Derecho y a un dispositivo necesario para el sostenimiento de un sistema político transparente, que además está consagrado constitucionalmente: el derecho a la oposición política y a la huelga. En otras palabras, el derecho a disentir democráticamente en contra del gobierno sin por ello ser reprimido, y mucho menos a través de la violencia.
Desde hace algunos años el gobierno es consciente de la existencia de estas células guerrilleras al interior de la universidad que, aunque reducidas, son potencialmente peligrosas, de manera que contradiciendo el principio casi sacro de no invadir este recinto como espacio sagrado para el libre debate democrático, el gobierno ha infiltrado sistemáticamente en medio de los estudiantes a mercenarios de la policía secreta y con frecuencia manda a rodear
Para este grupo rebelde, sin embargo, adelantar una campaña de consientización de sus compañeros no ha sido nada fácil. La mayoría de ellos, de clase media, estudian con el propósito de hacerse profesionales para convertirse en un engranaje más de alguna gran empresa (ojalá multinacional), comprarse una casita en un barrio decente, casarse, tener dos hijos (hombre y mujer) y hacerse a un pasaporte que le permita, quizás cuando se jubilen, conocer Miami o al menos el vecino Ecuador. Para ellos tener como comer, al menos modestamente, estudiar y desplazarse es suficiente. Sus conciencias están cómodas con la satisfacción de unas necesidades básicas, adormiladas.
Ellos han oído hablar de la existencia de estos grupillos clandestinos, pero juzgan a sus integrantes de jóvenes disolutos, mediocres, o como dirían sus madres, sin oficio. No ven en ellos más que un montón de boberías y de ilusos apegados a ideales rancios y obsoletos. Para la mayoría, el secreto de la vida está en la lucha individual y darvinista del más fuerte, disciplinado y capacitado. Se burlan de ellos y los deprecian porque mientras muchos se preocupan por estudiar para las evaluaciones semestrales, para hacerse profesionales, como debe ser, los otros malgastan el tiempo en conciliábulos secretos discutiendo la manera de cambiar lo que está bien, la manera de cambiar lo incambiable.
Lo que no ninguno de ellos intuye es que para
La angustia por los desaparecidos y la desazón por la posible repetición de este evento suscitan un espacio de debate y reflexión entre todos los estudiantes. La universidad ha dejado de un sitio seguro para este grupo, de manera que desde hace algunos días han optado por reunirse en la casa de uno de ellos, la cual está ubicada en un barrio periférico de la ciudad que la mayoría d los estudiantes de clase media no conoce. Es de esta manera como comienzan a hacerse conscientes de una realidad que existe más allá de los límites de la universidad y de su barrio estrato 3: niños con hambre y sin futuro, mujeres y ancianos desplazados de sus fincas por multinacionales de aceite de palma que necesitaban apropiarse de sus predios, hombres que lo único que necesitan es una oportunidad para ganarse la vida decentemente y sin hacerle daño a nadie.
Poco a poco los estudiantes han comenzado a reflexionar sobre las injusticias que impregnan su ciudad, su patria. Comienzan a sentir que la sociedad los necesita y que a su vez, requieren de despertar del letargo a muchos adormilados más, que continuaban considerando que el estado de las cosas era el adecuado. Paulatinamente se han sensibilizado a partir de los abusos de las fuerzas estatales al interior del campus, todo con el propósito de mantenerlos callados, controlados, doblegados, sumisos. La coyuntura resulta especialmente propicia. Pronto logran conformar un grupo numeroso y compacto de estudiantes comprometidos, preparados ante una eventual situación que se presentía llegar.
Ellos sabían que con el estado de las cosas, una nueva arremetida de la policía a
Pasará poco para que una marejada ingente de estudiantes, que parecen comprender un poco más sobre el verdadero sentido de un país democrático, salieran a las calles circundantes de
La tensión es absoluta. Un segundo más y suena el primer disparo. Cae un estudiante tendido en el suelo. Los demás se abalanzan sobre ellos y caen algunos más, pero finalmente los policías terminan desapareciendo consumidos entre la multitud furibunda. Una muchedumbre amorfa ha logrado levantarse en contra de la presencia coercitiva del estado en los únicos predios en los que se podía rescatar la verdadera democracia.
No tardará, sin embargo, en llegar un ejército completo a la universidad. Tanques y helicópteros rodean la institución por todos los francos. Pero los estudiantes son muchos y tienen sus convicciones muy firmes. Preparan un arsenal de explosivos artesanales y esperan con decisión.
Transcurren tres días en los que los estudiantes amotinados enfrentan casi desnudos y valerosamente los ataques de las fuerza armadas. Mueren algunos, pero finalmente la policía se da cuenta que le va a ser muy difícil apoderarse de la universidad, además comprende que le quedará muy mal en pleno siglo XXI adelantar una masacre estudiantil de grandes proporciones, como pasara hacía algunas décadas en otros escenarios mundiales y que en estos tiempos eran fuertemente sancionadas por los organismos de derechos humanos internacionales. Es así como deciden abandonar la toma del campo universitario y esperar que la marea se calmara.
En efecto, mueren varios estudiantes, pero seguramente eso no importa, es un sacrificio pequeño, un primero paso que abre las puertas para que la sociedad comience a reflexionar con decisión sobre lo que está pasando no sólo con la universidad sino con la sociedad en general.
La universidad ha sido liberada y este será el primer paso para liberar a toda la nación de un gobierno que no se merece.
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Historia de acuerdo al modelo de Rosselini
Carolina y Vladimiro son dos estudiantes de economía de
El presidente de turno es un hombre autoritario, corrupto y despótico con claras tendencias neoliberales y clasistas. Dentro de una serie de proyectos que ha contemplado dentro de su plan de gobierno se tiene una política privatizadora (que incluye la universidad pública) y un favorecimiento frontal a grandes empresas multinacionales en detrimento de la clase pobre y obrera. Al interior de la universidad se ha creado un grupillo de agitación social clandestino conformado por una decena de jóvenes de orientación izquierdista que reclaman del gobierno las ya conocidas proclamas de justicia social, lucha de clases e ilegitimidad de un estado aliado a los grandes empresarios y oligarcas.
Esta paulatina relación entre Vladimiro y este grupo de estudiantes ha ido deteriorando poco a poco la relación entre los dos novios. Ella no comprende las motivaciones de Vladimiro. Es posible intuir la ruptura de la pareja. Sin embargo, hay algo que los sigue uniendo, el compromiso con una serie de proyectos académicos que han emprendido juntos. Continuarán inevitablemente unidos, al menos por un tiempo.
A Vladimiro le disgusta mucho la indiferencia de Carolina ante los problemas sociales. Él considera que ella ha estado encerrada en una especie de burbuja de lujos que le ha impedido reconocer otro tipo de realidades. Un buen día de aquellos en que tiene que reunirse con ella para trabajar en un proyecto académico, la convence de que lo visite en su casa, la cual ella se ha sentido reacia a conocer, pues le produce un poco de aprensión adentrarse en un barrio popularmente conocido por sus altos índices de miseria y delincuencia.
Vladimiro vive en Mojica, un barrio de invasión. Carolina se baja del bus con mucho de inquietud. Comienza a buscar la dirección notablemente nerviosa. Paranoica mira para todos lados, con miedo de ser robada. En un recorrido de cinco minutos que para ella se vuelve como media hora, Carolina pude ver muchas cosas. Niños sucios tratando de despistar el hambre jugando con carros baratos y muñecas desmembradas en los pisos de tierra; mujeres con canastos plenos de ropa ajena, que van al río para lavarla y así poder comprar algo de pan y de panela para sus hijos; ancianos muriendo por un agripa en los zaguanes de sus casas, pues para ellos la salud es un privilegio que no pueden pagar; jóvenes pensando en robarla, no porque sean naturalmente malos, sino porque la vida nos les ha brindado más oportunidades… caños de aguas negras y miseria, miseria, miseria…
Finalmente Carolina llega hasta el final de la calle, una colinita donde por fin encuentra la dirección de la casa de Vladimiro. Le abre una anciana. Es la abuela de Vladimiro. Le informa que su nieto no está, pero la invita a pasar para que lo espere. Ella se fija en los modales de Carolina y advierte fácilmente su procedencia social. Se disculpa por hacerla sentar ahí en medio de la miseria. Aprovecha, como bien saben hacer los ancianos, para contarle parte de su historia, a manera de justificación. Le narró como había llegado allí hacía como una década, junto con muchos otros paisanos de un pueblo del centro del país, desplazados por un grupo paramilitar asociado a una multinacional que los había amenazado con matarlos si no abandonaban sus tierras. Allí habían matado a Sergio, el papá de Vladimiro. Carolina la escucha pensativa.
Vladimiro no tarda en llegar. La saluda, saca sus materiales de trabajo e invita a Carolina a empezar su trabajo. Carolina no puede concentrase mucho está realmente impactada. Mira atentamente a Vladimiro con insistencia y curiosidad. Pronto se hará tarde y ella no se concentró en el trabajo. Vladimiro sale con ella para acompañarla a tomar el bus. Ella no habla, está absorta. Una vez más aquel paisaje agreste, y ella puede verse en su habitación rosada, lejos de cualquier peligro, lejos del hambre. Mira con curiosidad y con un poco más de tranquilidad cómo muchos jóvenes que en la mañana le había parecido peligrosos, se acercan a Vladimiro a saludarlo con familiaridad. Ellos lo respetan y sienten por él gran admiración, pues es el único joven de aquella barriada que ha logrado, con mucho esfuerzo de por medio, ingresar a la universidad. Es una especie de mesías entre su gente. Y es allí donde Carolina comienza a entender muchas de las actitudes de Vladimiro: un muchacho al que le ha tocado vivir en un mundo injusto, diferente, dentro del cual le ha tocado sobreponerse y del que quiere salir, pero no sólo, sino con toda su gente.
Es tarde y Carolina puede ver como este barrio comienza a llenarse de policías. Y es que este barrio es un potencial foco de perturbaciones. Pero, ¿no sería mejor que el estado enviara médicos y maestros que mercenarios? Sin embargo está muy lejos de comprender la magnitud de un inmenso problema que Vladimiro conoce muy bien y de cerca.
Al día siguiente, cuando Carolina llega a
Vladimiro está tan concentrado con sus camaradas de lucha que ha mandado todo al demonio: su trabajo académico son Carolina y su relación con ella. Carolina, por su parte, si bien ahora conoce mejor las motivaciones de Vladimiro, no le justifica que haya dejado todo al garete.
En la universidad se ha gestado un ambiente cada vez más tenso. Vladimiro y sus amigos han hecho una fuerte campaña para sensibilizar a sus compañeros para hacer respetar la independencia de la universidad como un recinto sagrado del debate democrático. Les han hablado de la importancia del sostenimiento de la universidad pública como un patrimonio de las clases bajas como única posibilidad de conservar un poco de esperanza.
Llegó el día en que todo esto tenía finalmente que estallar. Los jóvenes de la junta, decididos a sacar a la policía de la universidad, se amotinan pacíficamente a primeras horas de la mañana en las puertas de la universidad. Todos los oficiales que llegaban temprano a custodiar los movimientos al interior del campus inicialmente se sorprenden. En seguida piden refuerzos. En un santiamén todos los alrededores de la universidad están vestidos de verde militar. Inicialmente conminaron con palabras a los estudiantes para que desistieran del amotinamiento, pero ante la negativa decidieron emprender medidas más drásticas.
Los demás estudiantes que continuaron llegando a la universidad se sintieron sorprendidos. Algunos se comprometieron con la causa y pasaron a engrosar los cinturones que impedían la entrada de la policía a la universidad, en tanto que muchos otros se devolvieron cómodamente a su casa en cuanto vieron la algarabía.
La policía estaba dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias. En el momento en que se dieron cuenta que sería imposible desalojar de allí a los estudiantes a partir de simples persuasiones verbales, amenazaron con medidas violentas. Carolina llega en medio de la confusión y se queda a un lado expectante.
No fue sino que reventara la primera bala en el aire para que el cinturón comenzara a tambalear… pero cuando parecía que todos correrían despavoridos, ocurrió lo inesperado. Vladimiro pudo ver como de entre la muchedumbre expectante apareció la figura de Carolina como una aparición bíblica, como si fuera la parusía, un milagro. Se paró entre los policías y los jóvenes manifestantes y les exigió que no dieran un solo paso atrás. La muchedumbre como enloquecida sintió una euforia repentina y comenzó a correr en dirección de los policías a quienes no les quedó más que retirarse.
Al menos por aquel día, la confrontación la habían ganado ellos. Se devolvieron a la universidad y comenzaron a planear entre todos la recuperación total de la universidad para el librepensamiento. Para Vladimiro y Carolina comenzó también una nueva etapa. Algo entre los dos comenzaba a cambiar otra vez.
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