Luis y Diana son estudiantes de sociología de la Universidad del Valle. Diana sale de su clase y encuentra a Luis en “Banderas” fumándose un porro y leyendo un libro.
Diana enciende su cámara y le dice:
- Luis. Mira lo que traje. Un saludo para la cámara.
- Oye. No. No ahora. Mira como está la universidad. Espérate un momento.
- No. No te preocupes. Sólo quiero un saludo para la cámara.
Diana hace un paneo con su cámara y ve por el visor a las personas que allí se encuentran. Vuelve a Luis.
- ¿Qué estás haciendo? –le pregunta Diana.
- Leyendo algo para la clase de mañana. Oye, te estaba buscando para preguntarte: ¿Has sabido algo del chico que está en la cárcel?
- Sí. Que sigue en la cárcel. Hace poco lo vi. Fui a acompañar a una amiga que iba a ver al novio y Andrés estaba ahí. Se llama Andrés ¿cierto?
- Sí. Creo. ¿Le hablaste?
- Le dije a un guardia que lo llamara y él se acercó a la reja. Lo vi un poco mal. Está muy acabado. Además esa cárcel es completamente insalubre. Es un chiquero –dice Diana mirando a la cámara y sonriendo. Vuelve la cámara a Luis-. Eso no es un trato ni mínimamente humano. Y no te imaginas lo que pasó. Cuando ya me estaba yendo, esa vaina en ese patio se puso fea. Yo sólo vi que la gente que estaba atrás de mí empezó a correr. Afortunadamente yo ya estaba afuera.
- ¿Qué habría pasado?
- No sé. Supongo que una redada, o una huelga… ni idea. El mundo en la cárcel es algo que aún desconozco.
Diana se ríe y le pregunta:
- ¿Por qué me preguntaste lo de Andrés?
- No sé. Creo que me lo trajo a la memoria algo que estoy leyendo en este momento. Es que mira; me parece algo confuso ya que tengo que hacer una extrapolación y como en este país las políticas de Estado son tan difusas, puedo estar equivocado. Igualmente voy a leerte.
Luis toma el libro, pone el porro al lado de donde está sentado y le muestra:
- Este man que estoy leyendo propone dos figuras planteadas por el Derecho: la primera es el derecho penal del enemigo, que es una figura existente en los ordenamientos democráticos actuales, y designa aquellos supuestos de especial peligrosidad para des-personalizarlos. Creo que es la forma en que el Estado puede proceder frente a algunos como mejor le parece. Puede matarlo porque no está atentando contra un ser humano, sino contra el enemigo. Y la segunda figura es el hostis indicatio. Mira aquí dice que: “En situaciones excepcionales, en las cuales un ciudadano romano amenazaba la seguridad de la República por medio de conspiraciones o traición, el senado podía declararlo hostis, enemigo público”. Lo más loco es que ambas figuras se fundamentan en una presunción. Y bajo esa presunción pueden hacer, legalmente, lo que quieran con las vidas que ellos elijan. Este autor al final dice que no es que el derecho contamine la política, sino que la política liquida la normatividad. Te imaginas cuántas faltas están cometiéndose hoy manteniendo a Andrés en prisión; pero bajo una situación de excepción, puede hacerse esto y mucho más.
- Tienes razón. Esto va a ser un documental y tú eres el intelectual entrevistado. Ja. Mentira. Yo vi a la madre de él hace poco. Esa pobre mujer está también bastante mal. ¿Tú crees que él salga? Vamos. Dinos a mí y a la cámara: ¿Crees que Andrés Palomino puede salir de la cárcel?
- No. La verdad: no. Si ya no salió cuando la universidad presionó, cuando paramos, cuando marchamos, cuando pintamos -Luis deja salir una risa irónica-, ahora mucho menos. Este país olvida fácil, y nuestro gobierno junto con los medios, ha sabido aprovechar muy bien eso. Yo creo sinceramente que este chico va a seguir siendo uno más de los presos políticos olvidados del mundo.
Tras ellos se oyen gritos y explosiones.
Diana se levanta de donde está y le dice a Luis:
- Vamos. Vamos a ver qué está pasando. Parecemos idiotas acá hablando de esto, como si nos afectara, y a menos de 100 metros hay una protesta. ¿Por qué no vamos y protestamos?
- No sé. Yo no sirvo para esas luchas tan impersonales. La vida está en otra parte decía Kundera justamente hablando de lo mismo. Creo que cuando él menciona esa frase se está refiriendo a unos jóvenes revolucionarios en una protesta en la Sorbona. Mira, si yo creyera un poquito en la posible productividad de las marchas, estaría allí. La verdad dudo incluso de lo trascendental que pueda ser esta conversación pero, sinceramente, creo más en esto que en lo otro.
- Dale. No voy a discutirlo en este momento. Acompáñame un ratico y filmamos algo.
Ambos empiezan a caminar con la cámara encendida. Se acercan un poco a la protesta. Filman a los policías tirando gases y a los estudiantes tirando papas.
- Es raro, pero yo no sé a estas alturas, quién es más iluso aquí… o quién es más pesimista. Si ellos, que le tiran piedras a la policía para protestar contra el Estado, o vos y yo, que estábamos allá sentadotes sin hacer nada por la causa. Las dos posturas me parecen completamente perjudiciales si queremos en realidad sacar a flote nuestras potencialidades.
- Pues yo no creo que mis potencialidades sean salir a arengar a la Pasoancho.
- Podrías intentarlo. “Abajo el Hostis Indi ¿qué?”
- Indicatio. Y he ahí el problema. La teoría es más compleja que la realidad, pero estamos en el mundo de las ideas. Ven. Acompáñame te muestro algo. Aquí, justo aquí, estaba Johnny Silva cuando lo mataron. Apaga la cámara por fa.
Diana no la apaga. Solo cierra el visor.
- Todo esto que vivimos no es más que un tejido simbólico. Ese término del que te ríes encierra lo que está sucediendo hoy con la vida. Una palabra que hace que el Estado pueda jugar con la libertad y la vida de los ciudadanos bajo el rótulo de seguridad. Son sólo palabras inocuas. Pero hasta dónde no son éstas las que le dan la potestad a la cultura de jugar con lo que creemos. Mientras no se aprenda que denominar las cosas, desde lo más tangible hasta lo más abstracto, es sólo una forma de referenciar la realidad, no vamos a dejar de darle el poder a los términos y a quienes los manejan de jugar con nosotros. Bien decía Eduardo Galeano: "Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos”
-
- ¿Por qué estamos hablando de esto?
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- Porque… -luis se queda pensando-. No sé. Yo sinceramente creo que el poder no es más que un símbolo al cual se le ha dado demasiada importancia, tanta, que hoy el poder se consigue en detrimento de la vida misma. Pero no deja de ser un mero arquetipo. La otra vez pillaba una película en la que una nena decía que el lenguaje había sido creado como un instrumento para la referencialidad. Cosa que no dudo. Que había sido creado para denominar al agua, al tigre, pero que se fue complejizando. Ella decía que el problema surge cuando el lenguaje intenta denominar figuras abstractas, como el amor. Porque al no existir un referente tangible y por lo tanto objetivo de la palabra amor, nadie puede estar seguro de que cuando se habla de amor, el interlocutor realmente sabe de qué se está hablando. Y al final dice: tiene que existir una especie de conexión sagrada para transmitir, no sólo la palabra, sino todo lo que ésta contiene; y en últimas eso es la vida, la búsqueda de esa conexión. Qué sucedería si nosotros desvirtuáramos cada uno de esos términos de los cuales está minada nuestra vida, y discerniéramos a qué le vamos a dar importancia y a qué no. Estamos en condiciones de hacerlo. Tendríamos que abstraernos un poco de lo que tenemos tan esquematizado ya en la vida. Yo no busco el poder más que el amor. Para mí es más bello el segundo. Y en el segundo encuentro a veces al primero sin tener que matar a nadie. Ahora podríamos, vos y yo, jugar a conquistar el amor del otro y no a conquistar el poder en una lucha de lemas y piedras.
Diana hace un prolongado silencio. Luis la toma de la mano. A lo lejos se siguen escuchando los gritos, los gases, las papas.
- ¿Qué pensarías si yo me fuera a la protesta en este momento?
- Creo que me abstendría de hacerlo. Preferiría preguntarte la razón. ¿Por qué? ¿Tenés ganas de ir?
- No. Tengo ganas de saber lo que pensarías.
- Vos sabés que no suelo hacer juicios de valor acerca de lo que hacen las personas que quiero. Además ya te expuse lo que pensaba sobre la protesta. Si tenés una razón válida para ir, yo te la aceptaría fácilmente.
- ¿Y si mi razón es sencillamente que creo en el poder de las masas? Que prefiero estar gritando a pretender incluirme en un universo intelectual; de las ideas, como tú lo llamas. A mí qué me importa lo que dice Foucault en Francia en los 60’s, si vivo en Colombia en el siglo XXI. Vos creés que desde aquí, desde tus libros tienes alguna perspectiva. Cuando no tienes ninguna. Estás sumido en una abstracción que no permite que hagás nada por nadie, ni por vos mismo.
Luis está muy silencioso mientras Diana se altera. Espera a que ella se calle. La mira. Se detiene ante sus ojos y le dice:
- ¿Te has puesto a pensar en lo fea que es la palabra perspectiva?
- Vos te estás burlando de mí ¿cierto?
- No, no. Acaba de venirme a la memoria una conversación que tuve alguna vez con un músico. Él decía que jamás podría incluirse la palabra perspectiva en una canción. Es la palabra menos lírica, menos sonora, menos cómoda del mundo. Me pregunto que relación tiene su incomodidad con su significado. Volvemos a los referentes. Por ejemplo. Alma. De hecho, soul. Son palabras hermosas. Supuestamente significan lo mismo. Ésa ya sería una cuestión cultural ¿no?
- Qué pena interrumpirte. ¿Puedo volver a grabar –dice Diana encendiendo la cámara.
- Dale. Bueno, creo que hay palabras que sí que son cómodas. A quién le convendría que fueran así. Y a quién le convendría la molestia de la palabra perspectiva. Ahora bien. Quieres hablar de mi falta de perspectiva. La verdad no sabría qué decirte al respecto. Para mí son los libros quienes abren un poco mi visión del mundo. Porque, como te lo he repetido mil veces hoy, para mí la vida no está allá afuera. Está aquí –dice Luis mientras toca su sien con el dedo índice-. No tengo nada en contra de quienes protestan. Solamente dudo de la trascendencia de lo que hacen. Porque no están siendo claros. Claros en cuanto a palabras, denominaciones, referentes. No existen. Un lema, después de haber sido repetido diez veces pierde todo su significado. Y si además, otros, los medios, que son quienes controlan el imaginario colectivo, le han atribuido a este tipo de manifestaciones otra significación, estamos comunicando mucho menos. Estaríamos lejos de conseguir el cometido. Entonces podré estar sumido en una abstracción, pero esa abstracción no me quita la fuerza que pierden ellos, mientras juegan el juego idiota que el Estado se inventó. Mientras ellos gritan y se regocijan de su valor, hasta de su altruismo, otros, lo más, los tachan de enemigos, y se atribuyen el poder de hacer lo que quieran con ellos.
Luis se acerca a Diana, toma su cabello, y le dice: - Si a vos, esa no te parece una razón suficientemente fuerte para permanecer a mi lado, te entiendo, podés irte. Te prometo que no voy a juzgar tu decisión. Pero por lo menos quedate unos minutos conmigo que no quiero perderte tan pronto.
Diana apaga la cámara.
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